Sociedad y laicismo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Salas y Laureano Gómez   
Jueves, 17 de Noviembre de 2016 12:36

 Os invitamos al debate abierto sobre    

 

Sociedad y laicismo

 

(Debate sobre el laicismo en la sociedad española y en sus instituciones. Influencia de la Iglesia Católica)

 

Ponentes: Juan Salas y Laureano Gómez

 

Fecha: Viernes 25 de noviembre de 2016

Hora: 19,00

 

Lugar: Ateneo de Madrid (salón de la Cacharrería)

         Calle del Prado 21

 
EL HECHO DIFERENCIAL CATALÁN: LAS BASES HISTÓRICAS Y EL PROCESO ACTUAL. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Enrique Guerra   
Miércoles, 02 de Noviembre de 2016 17:40
  1. BASES HISTÓRICAS: TRES MOMENTOS DECISIVOS.

1.- La Guerra de 1640.

El historiador J. H. Elliott afirma en su libro “La rebelión de los catalanes” que los reyes de la dinastía Habsburgo, los Austrias, fueron monarcas absolutos en Castilla pues así se lo permitían las leyes castellanas (especialmente tras la derrota de los Comuneros), mientras que en el reino de Aragón, dadas las competencias de las Cortes aragonesas, tan sólo llegaban a un poder que hoy, enmarcando aquella época histórica, llamaríamos constitucional. Al poder de las Cortes de Aragón (Aragón, Valencia y Cataluña) habría que añadir otras instituciones, como Las Diputaciones y las Audiencias, que mermaban aún más el poder real absoluto.

La monarquía española estaba compuesta, pues, como es de conocimiento común, de Estados diversos bajo un mismo rey, pero bastante diferentes en sus leyes, costumbres políticas, idioma y formas de vida. No eran naciones, concepto y realidad mucho más moderna, sino estados, mal hilvanados entre sí y de una notable diversidad.

En la lógica del deseado poder absoluto al que la monarquía tendía, tal diversidad era una pesadilla. Enfrentarse a las exigencias de las Cortes de unos y otros territorios era casi un trauma para el rey de turno, sus ministros y su clase nobiliaria, por lo que los espacios temporales de convocatoria fueron alargándose muy notablemente en el tiempo.

En ese intento de recorte de derechos de los súbditos en favor del absolutismo real Felipe II ya dio un primer paso tras el episodio de su secretario Antonio Pérez y la revuelta de Aragón, ejecutando al Justicia, en un intento de escarmiento y aviso para quienes osaren enfrentarse al creciente poder real. Pero fue lo suficientemente prudente para no recortar sino en elementos muy concretos los fueros aragoneses, aunque la introducción de un ejército desde Castilla para acabar con la rebelión aragonesa era ya un precedente histórico de los que por desgracia sería, glosando a Goya, “tristes presentimientos de lo que ha de acontecer” en nuestra historia común.

Fue el Conde Duque de Olivares, gran valido de Felipe IV y partidario de una política belicosa para defender el poder europeo de la monarquía quien, necesitando dinero para sus proyectos, intenta someter a todos los reinos peninsulares a unas mismas leyes, las de Castilla, que daban al rey poder absoluto. Es suficientemente conocido su célebre texto, aconsejando a Felipe IV que no se contente con ser rey de Castilla, de Aragón, etc, sino de una España sobre la que tendría poder absoluto con tales leyes.

Su excusa fue la creación de la Unión de Armas, en la que estarían todos, colaborando- pagando- en el mantenimiento de un ejército y una administración general. La guerra con Francia, en el marco de la Guerra de los Treinta Años, le permite poner un ejército en la frontera catalana con el reino francés y exigir el reclutamiento de soldados catalanes, a lo que la Generalitat se niega. Así pone en marcha su célebre trampa, recomendada abiertamente al rey: Crear intencionadamente disturbios por parte de la tropa que provoquen a los catalanes a reaccionar en contra y con ese pretexto introducir un ejército “pacificador”.

De sobra conocido es el desastre que esta política produjo: Estallido de las clases más modestas (artesanos, campesinos) con una insurrección que comienza en Girona y tiene su momento álgido en el Corpus de Sangre o jornada protagonizada por “els segadors”, irrupción del ejército como estaba programado, apoyo incluso de la nobleza a la insurrección popular catalana, retirando el apoyo que hasta entonces habían dado al rey; hasta el virrey morirá a manos de los insurrectos. Se proclama la república catalana, apoyada por Francia, bajo cuya protección han de ponerse los insurrectos catalanes. Cataluña se separa, pues, de la monarquía española. Pero Luis XIII de Francia no fue, precisamente, un benefactor de los catalanes. En 1652 Cataluña vuelve a integrarse en la monarquía española. Durante doce años los catalanes habían dejado de ser súbditos del rey de España: La torpeza política del Conde Duque y su radical entorno nobiliario castellano habían llevado a una revolución política dirigida por la Generalitat, contando con la interesada protección francesa.

La insurrección, víctima del entendimiento final entre dos monarcas autoritarios, termina, pues, fracasando. Es la primera gran frustración catalana. Con Carlos II, no obstante, se vuelve al “foralismo”.

2.- la Guerra de Sucesión y los Decretos de Nueva Planta.

El escenario ahora, a principios del siglo XVIII, es la guerra europea por la sucesión del trono de España. El Archiduque Carlos, heredero frustrado de la corona española, se ve apoyado por aquellos territorios de la monarquía que mantienen aún fueron específicos y que había prometido mantener. Cataluña es el último territorio que resistirá frente a nueva dinastía Borbón, que viene a España con el absolutismo de Luis XIV bajo el brazo. En 1707, con los cambios militares y políticos que se producen en Europa que llevan a la paz de Utrecht, holandeses y austriacos proponen al Felipe V de España que prometa a los catalanes el mantenimiento de sus instituciones, pero éste se niega rotundamente. Barcelona tendrá que ser tomada al asalto el 11/09/1714, ante la tenaz resistencia de sus habitantes al ejército real. La represión física y los incendios de la ciudad son un precedente de lo que volverá a vivirse en 1939.

Por el Decreto de Nueva Planta de 1716, que culmina todo un proceso de centralización que ya había tocado a Aragón y Valencia, desaparecen los fueros, las Cortes,y otras instituciones características; se elimina el catalán implantando el castellano como único idioma de la nueva Administración, se incrementan los impuestos. En contrpartida, el mercado americano se abre para los no castellanos, lo que facilitará la recuperación económica y el auge catalán en los siglos siguientes.

3.- Hacia el nacionalismo contemporáneo.

Las guerras napoleónicas dieron lugar en toda Europa, ante la agresión imperial, a la toma de conciencia por varios pueblos de lo que la Revolución Francesa había entendido por nación: La voluntad libremente expresada de vivir bajo normas comunes a todos los habitantes de un territorio concreto y bajo un gobierno representativo de esa voluntad. La soberanía, pues, reside en ese derecho del pueblo a darse sus normas frente a cualquier intento autoritario, dentro del territorio o desde su exterior de imponer su propia voluntad.

En España, los liberales que consiguen aprobar la Constitución de 1812 basan la soberanía de la nación precisamente en la lucha popular contra Napoleón a pesar de los acuerdos, cocinados por las clases privilegiadas, de entregar el poder a José I Bonaparte.

La Constitución del 12 organiza el nuevo Estado español siguiendo el centralismo heredado y ahora inspirado y reforzado por la influencia del jacobinismo francés, silenciando el viejo mundo de los fueros y demás elementos autónomos que históricamente caracterizaban a los diversos estados de la monarquía española. A la muerte del rey Fernando VII la reivindicación de estos fueros será bandera del carlismo junto con la reivindicación del poder absolutista, ya superado por una burguesía liberal que mantendrá el modelo de la Constitución del 12.

Ante el mantenimiento del centralismo político, en manos de los moderados desde la época de Isabel II, la pujante burguesía catalana, puesta a la cabeza del desarrollo económico desde el siglo XVIII, toma conciencia de su diversidad frente al poder establecido en Madrid, fundamentalmente de origen agrario y con intereses que cada vez más divergen del empuje económico y cultural de Cataluña. La burguesía catalana lleva a cabo la recuperación cultural de su tierra, la riqueza de su literatura, de su lengua y del renacer cultural y lingüístico, que le da conciencia de su personalidad específica, naciendo desde estas premisas planteamientos políticos reivindicativos del “hecho diferencial” catalán. La revolución de 1868 y la cota de libertad alcanzada en ella permitirán la concreción de una alternativa política para todo el Estado frente al centralismo impuesto: El federalismo, propiciado por Pi y Margall y base de la I República de 1873, que no tuvo tiempo ni de redactar una constitución para un Estado federal, a causa del golpe de estado restauracionista del general Martínez Campos, previamente abonado el campo por la política de Cánovas del Castillo.

Los programas restauracionistas facilitarán el desarrollo de un regionalismo catalán reivindicativo que terminará desembocando en un auténtico nacionalismo: Es decir, en la afirmación de la existencia histórica de una nación catalana, diversa del resto del Estado, que exige se reconozca su realidad y personalidad histórica.

Se trata, en principio, de un movimiento substancialmente burgués, propiciado por esa rica burguesía industrial a la antes se hacía referencia. Es un movimiento conservador con todos los tintes del nacionalismo que aparece por toda Europa en esos años: Lengua, cultura, costumbres, viejas leyes…y exigencia de autonomía para gestionar su riqueza frente a la oligarquía cerealística bien afincada en los gobiernos madrileños.

Una muestra de estas divergencias es el debate y las reivindicaciones en torno al nuevo Codígo Civil entre 1881 y 1889: Frente al sentido unificador jurídico, que arraiga en la Constitución del 12, la burguesía urbana catalana, los propietarios agrícolas y los rabasaires propugnan un foralismo, defendido por figuras como Durán i Bas, y que fracasa en el definitivo Código de 1889: Otro fracasode las aspiraciones catalanistas.

En este marco nacen las conocidas Bases de Manresa (1892), cuyo principal inspirador fue uno de los “padres” del nacionalismo catalán: Prat de la Riba. En ellas se plantea un poder para Cataluña hasta entonces desconocido, proponiendo una nueva organización del Estado español. Varios personajes, como Almirall y su Centre Catalá avivan esta creciente

Reivindicación de la realidad y el “hecho diferencial” catalán.

4.- El 98 y sus consecuencias.

La buena marcha de la economía catalana, favorecida por el proteccionismo de 1891, reflejado en el dominio del mercado americano e interior español (recuérdese la figura omnipresente del viajante de comercio catalán) se arruina con el desastre y la pérdida de las últimas colonias: Se pierde un gran mercado.

Los burgueses catalanes culpan de ello a la torpe política de los representantes del sistema de la Restauración. Es un paso decisivo, pues ello favorece el paso de un regionalismo burgués con visos más o menos nacionalistas a un definitivo nacionalismo, ya entrevisto en las Bases de Manresa (que obviamente habían sido desatendidas) y afincado tras el estrepitoso fracaso de una política regeneracionista, que se disolvió en los célebres Presupuestos del ministro Fernández Villaverde y en la presión militar creciente que en modo alguno quiere ver reducida su asignación presupuestaria.

Desde 1901 Cataluña se comporta políticamente de forma diversa a la del resto del Estado. La clase política catalana rompe con el sistema bipartidista de la Restauración a través de:

  • La Lliga Regionalista, que agrupa a los grandes industriales y financieros;

  • La vertiente republicana -burguesías medias, artesanos, intelectuales- organizada en varios grupos que terminarán convergiendo en Esquerra Republicana de Cataluña en 1931;

  • el lerrouxismo, tildado enseguida de seguidor de la causa centralista

  • El anarquismo, pujante y creciente entre la clase trabajadora.

En 1905 la Solidaridad Catalana logra unir a todas las tendencias catalanistas de cara a las elecciones: Desde los carlistas a la Lliga, pasando por los republicanos y los federales, consiguiendo un gran triunfo electoral en 1907 (41 diputados de los 44 correspondientes a Cataluña). Cambó y Prat de la Riba habían sido los muñidores de esta unión. Prat había escrito en 1906 “La Nacionalidad Catalana”, donde proclama la preparación de la burguesía para el autogobierno de Cataluña.

Ante tal cúmulo de reivindicaciones, triunfos electorales, protestas y afirmaciones de catalanidad ¿qué hace el Gobierno de Madrid, qué decisiones, iniciativas, propuestas plantea? Pues simplemente calla y “deja pasar”, o responde con la antidemocrática Ley de Jurisdicciones, que fue en realidad una ley contra la libertad de expresión, especialmente pensada contra el nacionalismo y llevada a cabo a causa de las fuertes presiones militares.

En 1909 la Semana Trágica se convierte en la expresión violenta de las varias tensiones acumuladas contra los gobiernos restauracionistas. Al menos Maura tuvo que dejar el gobierno.

Canalejas, en un necesario acercamiento a la tozuda realidad de uno de los graves temas de la organización del Estado crea la Mancomunidad, dotada de ciertos poderes descentralizadores y embrión de un gobierno autonómico para Cataluña. La violenta muerte de este liberal y el retraso en la aplicación de la norma, en 1914, con todo tipo de dificultades y zancadillas políticas, desemboca en una de las tres patas de la crisis de 1917, en plena guerra europea: La Asamblea de Parlamentarios en Barcelona, con participación de los diputados catalanes y presencia de otras personalidades (como representantes del PSOE, pero sin intervenir en el debate). La Asamblea, ante la grave situación que atraviesa el país exige Cortes Constituyentes, descentralización política y administrativa, organización del Estado y democratización de la sociedad. La respuesta del gobierno de Madrid, encerrado en su mutismo -gobernaba el partido conservador- fue la detención o, más bien, la comedia de una detención simulada y el rechazo de las propuestas.

El fracaso de la Asamblea reformista deja definitivamente abierta la vía revolucionaria

De la huelga general que estallará enseguida. Frente a ella se sitúa inmediatamente por supuesto el gobierno, los militares y la alta burguesía catalana, asustada por las posibles consecuencias para sus intereses. El auge del movimiento obrero y los constantes atentados contra personas ligadas a esta alta clase social echan a esta burguesía en brazos del golpismo de Primo de Rivera.

El nacionalismo catalán pasa entonces, definitivamente, a aquellos sectores de la burguesía media y artesanal y al campesinado, que ven como solución una república democrática nacionalista, que va organizándose en varios grupos: Federació Nacionalista de Macià, Acció Catalana, Unió Socialista de Catalunya. Todo ellos cristaliza en Esquerra Republicana en 1931, como ya se ha citado.

5.- Cataluña y la II República.

La historia de los sucedido a partir de abril de 1931 ya es suficientemente conocido: Macià se adelanta en la proclamación de una república catalana, volviendo la corriente a su cauce con la asunción inmediata por parte del nuevo gobierno del Estado del “hecho diferencial”: La aprobación del Estatuto de Cataluña de 1932, que confería de hecho a los catalanes de un amplio autogobierno. Hay que añadir que la derecha política española se mostró enérgicamente en contra, tachando de separatismo (separatismo, separatista, son términos que aún se usan) todo lo que tuviese relación con exigencias de descentralización y autogobierno. La ceguera histórica de esta derecha histórica en tales temas llega hasta hoy y parece incapaz de quitarse la venda. Por supuesto, votó contra el estatuto, y contribuyó con su actitud a crear el mito del catalán egoísta, únicamente interesado en su dinero y en la intransigencia de la defensa de un idioma, el catalán, que algunos consideran poco menos que un insulto lanzado contra el español, “idioma universal”.

La crisis de 1934 y la posición de la Generalitat dio pie, de nuevo, al gobierno conservador del momento, a suspender el estatuto e incluso encarcelar a los dirigentes políticos.

Para terminar este recorrido histórico cabe señalar que el franquismo no sólo reprimió a las personas y las instituciones catalanas, que quedaron arrasadas, así como el idioma, sino que educó a todas las generaciones jóvenes en un nacionalismo españolista que condenaba cualquier disidencia frente al centralismo sobredimensionado, manipulando la Historia y sumiendo a millones de ciudadanos españoles en la ignorancia de la realidad secular y en verdadero origen de un Estado plural que llamamos España.

  1. ELEMENTOS PARA EL DEBATE.

Se ha hecho este recorrido histórico para demostrar que lo que hoy conocemos como nacionalismo tiene unas sólidas raíces en nuestra historia común y que por desgracia el poder central a lo largo de los siglos, bien detentado por monarcas absolutos o que querían serlo, o por una oligarquía de marcado carácter rural, encerrada en la defensa de sus intereses incluso contra el progreso general contemporáneo, han impedido un acuerdo definitivo entre las diversas comunidades, que no dudo en llamar naciones, de un Estado por supuesto mal “hilvanado” a lo largo de una historia común, aunque no tan común como algunos quieren, pues en muchos casos ha sido sobreimpuesta; no sólo a los catalanes, sino también a los propios castellanos (recuérdense las Comunidades de Castilla y su secular represión). Nada hay peor que olvidar la Historia o inventarla a beneficio de quien la manipula.

Para elaborar este resumen he utilizado documentos originales: El Memorial del Conde Duque de Olivares, El Decreto de Nueva Planta de 1916, Las Bases de Manresa, las actas de Las Cortes del primer tercio del siglo XX, Las Nacionalidades de Pi i Margall, La Nacionalidad Catalana de Prat de la Riba, el volumen VIII de la Historia de España dirigida por M. Tuñón de Lara: Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923); el volumen 6 de la Historia de España dirigida por M. Artola: Restauración y crisis de la monarquía (1874-1931), debido a Miguel Martínez Cuadrado; el Estatuto de Cataluña de 1932 el Estatuto reformado de 2006, así como el recurso planteado por el PP y el fallo del Tribunal Constitucional de 2010.

He preferido prescindir de exponer toda esta bibliografía y las fuentes citadas y lo expongo aquí directamente para no dar a esta exposición un carácter demasiado formal.



El Estatuto catalán actual, reformado en 2006, habría sido un excelente cauce para llegar a aguas tranquilas entre catalanes y el resto del Estado. La intransigencia de la derecha del PP no fue capaz de asimilar ni siquiera la aparición de la palabra “nación” en el preámbulo, y plasmó el recurso que todos conocemos. La razón que le dio el Tribunal Constitucional en algunos puntos – entre otros en lo referente al término “nación”- está, al parecer de muchos, en el origen del actual “procés”, avivando de nuevo, ahora de forma más intensa, el viejo contencioso, cuya solución el gobierno de Zapatero, con la reforma estatutaria, había de nuevo encarrilado.

El más del 48% que un nacionalismo independentista ha conseguido y la reivindicación de un referéndum, unido a la decisión mayoritaria del Parlament catalán de poner en marcha el proceso independentista nos sitúa ante una realidad frente a la que no vale ocultar la cabeza en plan avestruz, echar mano del poder judicial o encerrarse en la Constitución de 1978, magnñifica para la situación de aquel año y siguientes, pero quizá envejecida para la sociedad actual y su complejidad.

Mi reflexión personal me lleva a varias consideraciones:

1.- La derecha española, de nuevo en el poder, infectada de nacionalismo españolista, nunca va a ser capaz de perfilar una solución para el problema catalán. Ni lo ha hecho en el pasado ni lo va hacer ahora. El paso a una nueva organización del Estado, tan necesaria, sólo podrá darlo una izquierda que, partiendo de una profunda convicción democrática y de respeto a los elementos diferenciales de los territorios que componen el Estado español, esté dispuesta a abordar, con visión y mucha pedagogía actual, la solución de histórico.

2.- Para ello habrá que dejar en segundo término los manidos recursos a a la vieja concepción de la unidad de España, frase de claras resonancias franquistas, unidad impuestas por las armas y la represión en 1939 y mantenida en la actual constitución- seamos sinceros- por el miedo a las reacciones de los poderes fácticos. Habría que definir primero muy bien qué entendemos hoy, unos y otros, por España.

3.- La reforma de la Constitución del 78 es el paso previo si se quieren buscar y dar soluciones. El PSOE tiene que tomar valientemente la bandera de esta necesidad, bandera que otras fuerzas le quitarían de las manos en caso contrario. Su fuerza secular, su arraigo profundo en amplias capas dela sociedad española y su capacidad de equilibrio tantas veces demostrado así lo aconsejan.

4.- El PSOE ya ha propuesto la creación de una España federal como solución. Teóricamente es lo más deseable, pero falta pedagogía para convencer que el federalismo es algo más que el actual Estado de las Autonomías: ¿Sabe el conjunto del partido en qué consiste un Estado Federal español y cómo se articularía? ¿Lo sabe la sociedad española? ¿Alguien lo ha debatido y explicado?.

5.- El PSOE debe abordar la búsqueda de soluciones:

5.1. Defendiendo los intereses de las clases medias y trabajadoras, esencia de su ser político, eliminando de su lenguaje la retórica patriotera y un tanto populista que todavía se oye a veces entre sus filas.

5.2.- Reconociendo el derecho democrático de expresión de las afinidades políticas y estatales de cada ciudadano. Esto es, no rechazando el referéndum propuesto por las fuerzas independentistas de Cataluña, sino buscando un acuerdo para celebrarle en las mejores condiciones para todos. Es la única forma de conocer la actual realidad. El ejemplo de lo pactado en otros países, como Canadá (el caso de Quebec) o el Reino Unido ( a pesar de sus claras diferencias) puede facilitar tal acuerdo entre partes.

5.3.- Poniendo sobre la mesa, sin miedo, todos los principios aludidos: la soberanía, los recursos económicos, las relaciones entre las diversas naciones del Estado, las relaciones con la Unión Europea, etc.

Finalmente: El PSOE DEBE TOMAR LA INICIATIVA, lo que significaría un avance político de primer orden, haciendo propuestas concretas y realistas a los nacionalistas catalanes. Si esto se consigue y se desemboca en consensos y realidades fruto de la comprensión el espíritu democrático, todos, unos y otros, saldríamos ganando.




 
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Lunes, 24 de Octubre de 2016 14:08

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Los nacionalismos y la posible reforma federal del Estado

 

Ponente: Enrique Guerra

 

 

 

Fecha: Viernes 28 de octubre de 2016

Hora: 19,00

 

Lugar: Ateneo de Madrid (salón de la Cacharrería)

         Calle del Prado 21


Última actualización el Lunes, 24 de Octubre de 2016 14:11
 
Todo para el pueblo pero sin el pueblo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Maximino Cortezon   
Lunes, 24 de Octubre de 2016 13:59

En 1784 Kant escribió un breve artículo publicado por el periódico alemán Berlinische Monatschrift  con el título ¿Qué es la ilustración?, y que con el paso del tiempo se ha convertido en el testimonio más característico del espíritu de la Ilustración. Las primeras líneas, no por mil veces repetidas pierden su fuerza,  siguen emocionándonos por su imperecedera vigencia: <<La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otros. ¡Sapere aude! Ten valor de servirte de tu propia razón: he aquí el lema de la ilustración>>.[1]

Si aplicásemos estas palabras al devenir político desde el momento en el que fueron escritas hasta los acontecimientos políticos más recientes, no tendríamos más remedio, y muy a nuestro pesar, que concluir que las organizaciones políticas, sin excepción, han sido en la práctica y siguen siendo preilustradas, dado el papel pasivo y tutelado que han otorgado y otorgan a ciudadanos y ciudadanas en las decisiones y elecciones que dichas organizaciones promueven.

La causa de la falta de decisión para valerse por sí mismos de hombres y mujeres en los casos que veremos no ha sido, como afirmaba Kant, por la falta de valor o de decisión de ambos, sino por la falta de confianza por parte de quienes tenían y tienen que poner los medios organizativos para que unos y otras pudieran o puedan servirse de su propia razón.

Un primer caso que a modo de ejemplo sirve para fundamentar nuestro argumento tiene que ver con uno de los fundadores y principal ideólogo de la socialdemocracia clásica alemana: Eduard Bernstein  (1850-1932). De formación marxista es considerado uno de los primeros revisionistas de la teoría de Marx y defensor de la vía parlamentaria para defender y realizar los objetivos políticos socialdemócratas y por lo tanto enemigo de la vía revolucionaria para luchar por objetivos políticos socialistas. Bernstein, al contario de Kant, creía que el proletariado no tenía la madurez política suficiente  ni estaba preparado para decidir por sí mismo lo que políticamente más le convenía. Las masas proletarias eran <<en gran medida “un animal de rebaño” irracional. Dado que la inmensa mayoría de los trabajadores vivía <<en condiciones de hacinamiento, con un ingreso insuficiente y mal educada, estaba lejos de poder ejercer el poder. >>[2]

Igualmente, en el caso de la ideología comunista en la versión marxista leninista, los trabajadores necesitaban de los líderes del partido que constituían la vanguardia del proletariado, para llevar a cabo su lucha política por su liberación y emancipación de su opresor social, cultural y económico. En esta clase de partido las decisiones políticas las tomaba la llamada vanguardia que eran sus dirigentes y las bases las ejecutaban. Tanto los partidos socialdemócratas y comunistas son, y en gran medida continúan siendo,  organizaciones políticas jerárquicas y verticales.

Así pues, en poco más de cien años aquellas organizaciones políticas que más tenían que haber hecho por aplicar y desarrollar las ideas ilustradas, no obstante seguían estando más cerca del despotismo ilustrado  que de la ilustración.

En la actualidad podríamos pensar que ambos testimonios pertenecen a un remoto pasado, pero que en el comienzo del siglo XXI con ciudadanas y ciudadanos  preparados para tomar decisiones racionales, dado que  la mayoría poseen suficiente formación académica e información adecuada, por fin el ideal kantiano de la ilustración se ha realizado ampliamente.

Mas, no parece que esta sea la idea que muchos de los políticos y la mayoría de las organizaciones en las que desempeñan sus actividades tengan de sus afiliados, militantes, simpatizantes e incluso de sus votantes.

Por otro lado, no creo que nadie discuta que el fenómeno social y político más relevante de los acontecidos en España en los últimos años del nuevo siglo y el que mejor representa el espíritu ilustrado ha sido el 15 M, expresado en su eslogan principal de “no nos representan”.

Por medio de este grito los manifestantes expresaban su disconformidad con unos políticos y una política que reiteradamente incumplía el contrato social que les unía con ellos a lo largo de una legislatura: el programa electoral. El hecho que de manera cínica se asumiera por parte de algunos políticos que los programas electorales se hacían para no cumplirlos era algo que provocaba la indignación y el clamor de todos los que entonces se manifestaron, e incluso de una mayoría silenciosa que veía esa manifestación con buenos ojos.

Lo que implícitamente exigían los indignados a los políticos era un mayor protagonismo  político de la ciudadanía en las decisiones políticas importantes, como era entonces la reforma exprés del artículo 135 de la constitución  y el cumplimiento de sus compromisos electorales.

Pues bien, los últimos acontecimientos políticos ocurridos en el seno del PSOE ponen de manifiesto que aquellos que no han respetado la decisión de la mayoría de sus militantes, haciendo posible la dimisión del Secretario General, se han situado, igualmente, en una situación preilustrada y contraria a ese espíritu ilustrado que demandaba Kant en su manifiesto.

Manifestaciones públicas de miembros importantes del PSOE como que el partido no se puede “podemizar” o de que consultar a las bases toda clase de decisiones transcendentes que el partido tome es “populismo”, son una prueba inequívoca de que representan mejor el ideario del despotismo ilustrado, de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, que el del espíritu de la ilustración.

Igualmente resulta contrario a este espíritu ilustrado que se rechace la consulta a la militancia de una decisión tomada por el Comité Federal, como es la abstención en la sesión de investidura al candidato del PP, por mucha legalidad estatuaria que la avale, cuando la misma resulta manifiestamente contraria a lo pactado con los votantes y los militantes del partido en el contrato social establecido en el programa electoral de las últimas elecciones.  Dado que era imposible consultar a los votantes sólo una votación de los militantes a favor de la abstención hubiera otorgado el máximo de legitimidad a la misma.

En suma, no es aceptable, ni va con el espíritu ilustrado del tiempo que nos toca vivir, que partidos como el PSOE justifiquen políticamente que una minoría decida por todos argumentando que se hace por el bien de España, por el interés general o por el bien del partido. Hoy resulta totalmente inexcusable que en cuestiones que incumplen los programas y las líneas políticas del partido las decidan unos pocos sustituyendo y suplantando la voluntad de sus militantes.



[1] Kant, I., Filosofía de la Historia, ¿Qué es la Ilustración?, F.C.E., 1979, 1ª Reimpresión, 1975, p. 25

[2] Ideas aparecidas en un artículo del historiador Marc Mulholland aparecido en el diario digital Público titulado “Cuando Bernstein asaltó la ortodoxia marxista”

 
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Lunes, 19 de Septiembre de 2016 16:11

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Fecha: Viernes 23 de septiembre de 2016


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Última actualización el Lunes, 19 de Septiembre de 2016 16:13
 
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