Religión versus Filosofía (1) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Maximino Cortezón   
Sábado, 24 de Octubre de 2015 17:05

A finales de 1798, Kant, publicó una pequeña obra titulada, La contienda de las facultades de Filosofía y Teología, y en la que se recogía el enfrentamiento que Kant había mantenido con la censura prusiana, a causa de sus escritos filosóficos de la religión, que fueron iniciados en 1792 y que culminaron con la publicación de su conocida obra, La religión dentro de los límites de la mera Razón, cuya primera edición data de 1793.

La cuestión de fondo que Kant reivindicaba en la primera obra de las dos citadas era la exigencia académica de la autonomía de la Facultad de Filosofía frente a la de Teología << en su derecho a entender en su censura >>, no admitiendo, por lo tanto, ninguna injerencia ni religiosa ni política en relación a todo producto de la razón humana.

Pues bien, he aquí, que doscientos diecisiete años después y gracias a la contrarreforma educativa de nuestro flamante embajador jefe de la delegación española ante la OCDE, tiene lugar  una nueva contienda entre la Religión y la Filosofía.

En la nueva contienda que ha provocado la Ley Wert, parece que, al menos de momento, la Religión ha ganado la partida a la Filosofía. Así, en los tres cursos de la ESO y en el antiguo cuarto curso, ahora llamado o bien de Iniciación al Bachillerato o de Iniciación a la Formación Profesional, una alumna o alumno tiene que elegir obligatoriamente entre estudiar Religión o Valores Éticos. Asimismo, puede elegir, como asignatura optativa, la que no haya escogido como obligatoria. La religión ha pasado de ser en la anterior Ley una optativa no evaluable,  a serlo y contabilizarse en el expediente académico, como las matemáticas o la lengua, por ejemplo,  para pedir una beca.

En los dos cursos de Bachillerato la asignatura de Religión, cuan truco de magia,  ha aparecido entre las asignaturas específicas optativas, en las cuatro modalidades, es decir en los Bachilleratos de Arte, Ciencias, Humanidades y Ciencias Sociales, sin contrapartida opcional de una materia de Ética  o de Filosofía Moral, u otra,  como hubiera podido ser la suprimida “Educación para la Ciudadanía”.

En primero de Bachillerato es el único curso en el que la Filosofía no ha sufrido alteración alguna, por lo que sigue siendo troncal a las cuatro modalidades de Bachillerato: Arte, Ciencias, Humanidades y Ciencias Sociales.

En el caso de la Religión, con la LOMCE, al igual que ocurría en la etapa del gobierno de la UCD, nuevamente puede estudiarse en Bachillerato, si el alumno o alumna la elige, como una de las dos o tres, máximo, asignaturas específicas –optativas- que puede coger.

Pero para hacer más humillante la derrota de la Filosofía frente a la Religión la Historia de la Filosofía de Segundo de Bachillerato ha pasado, de nuevo gracias a la manipulación educativa del mago Wert, de ser una asignatura troncal, es decir de estudio obligatorio en las cuatro modalidades de  segundo de Bachillerato, a ser “troncal de opción”, en los Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, por lo que los alumnos al poder  elegir dos de un total de cinco, podría no impartirse. En los Bachilleratos de Arte y Ciencias la Historia de la Filosofía es una asignatura específica, dentro de un conjunto de quince asignaturas específicas, de las cuales los estudiantes tienen que elegir un mínimo de dos y un máximo de tres, entre las cuales se encuentra la Religión, lo que supone un auténtico pasaporte para su extinción.

Los que nos hemos dedicado a la enseñanza en la ESO y Bachillerato, sabemos que una asignatura como la Religión cuya nota se refleja en el expediente académico y que además para hacerla más agradable y llevadera suelen hacer salidas  extraescolares del centro muy atractivas “para mejor integrarse en el espíritu de la misma”, es una tentación difícil de aguantar, por lo que es casi seguro que se formarán grupos de esta asignatura en primero y segundo de Bachillerato.

Este papel nominal de la Historia de la Filosofía en la citadas dos modalidades, hará poco menos que imposible que los estudiantes que impartan sus materias puedan conocer algo de la misma, pues con total seguridad en cursos en los que se juegan el futuro de sus estudios universitarios estarán más preocupado por la materias obligatoria, que coger la Historia de la Filosofía, dado que su estudio puede suponerle llevar a cabo una especie de tour de force intelectual comparable a la asignatura más difícil del curso. Por otro lado, otra razón más para no estudiarla es que además, la filosofía para la mayoría de los estudiantes carece de o que ellos entienden por “utilidad” práctica para sus estudios posteriores de carácter profesional.

 

Esta situación de la Filosofía hay que situarla dentro en un marco más general en el que hay que incluir materias, como la Cultura Clásica, el Latín, el Griego o la Música,  que constituyen el mismo núcleo de una formación humanística; asunto que trataremos en un siguiente artículo

En suma, quien le iba a decir al imperecedero filósofo de Königsberg que más de dos siglos después, en el otro extremos del continente europeo un ministro neoliberal que aspiraba a “españolizar a Cataluña”, tras fracasar en su intento se tuviera que conformar con la tarea de “adoctrinar a los españoles”.

Finalizaremos este comentario con unas rotundas palabras del Filósofo que están, dirigidas al Wert de su época y, premonitoriamente, al de todas las épocas:

<<Un gobierno que se ocupa de las doctrinas, así como de la ampliación de las ciencias, y cuyo más alto mandatario pretendiera hacerse pasar por sabio, se despojaría del respeto que le es debido y menoscabaría su estima, envileciéndose ante los ojos del pueblo (y de su estamento intelectual), que no soporta ninguna burla y mide con el mismo rasero a cuantos censuran la ciencia >>.[1]

 


[1] Kant, Immanuel, La contienda entre las facultades de filosofía y teología, Madrid, Editorial Trotta, 1999, p. 4

 
La cuestión catalana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrador   
Miércoles, 21 de Octubre de 2015 10:34

                     

Os invitamos al debate abierto sobre    

 

La cuestión catalana

 

 

Fecha: Viernes 23 de octubre de 2015

Hora: 19,00

 

Lugar: Ateneo de Madrid (salón de la Cacharrería)


         Calle del Prado 21

Última actualización el Miércoles, 21 de Octubre de 2015 10:38
 
El problema de los refugiados PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrador   
Martes, 22 de Septiembre de 2015 14:39

El próximo viernes día 25 reanudamos el ciclo de tertulias abiertas de “Socialistas por el Debate”, que mantenemos el cuarto viernes de cada mes en el Ateneo de Madrid. En ésta ocasión:

 

                                Os invitamos al debate abierto sobre    

 

 El problema de los refugiados: causas, alternativas, soluciones.

 

 

Fecha: Viernes 25 de septiembre

Hora: 19,00

 

Lugar: Ateneo de Madrid (salón de la Cacharrería)

         Calle del Prado 21

 

(P.D. Os invitamos a leer el interesante artículo NACIÓN, NACIONALIDAD, REGIÓN de Carlos María Bru Puron en nuestra Web, a propósito del problema catalán) 

Última actualización el Martes, 22 de Septiembre de 2015 14:42
 
NACIÓN, NACIONALIDAD, REGIÓN PDF Imprimir E-mail
Escrito por Carlos María Bru   
Martes, 22 de Septiembre de 2015 14:15

(Publicado en El Plural: 18709/2015) 

La nacionalidad es un atributo de las personas, para nada es el conjunto de ellas o el territorio en que esa población se asienta

      

Siguen estando al día las disquisiciones acerca de si Cataluña es o no  nación.

Discusión interminable y, peor, absolutamente estéril salvo que se quiera utilizar la letra de la ley cómo arma arrojadiza, desvirtuando su sentido normativo.

Porque nuestra Constitución es ley, la suprema ley del Estado, y de toda ley hay que atender a su contenido normativo, a su mandato, no a su calidad narrativa o incluso conceptual, la cual puede en ocasiones flojear cómo, con todos mis respetos, flojea en parte del artículo 2 de nuestra Carta Magna.

Incomodo al lector repitiéndole el precepto que de seguro sabe de memoria: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce  y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

Cómo se ve, el precepto distingue entre “nacionalidades” y “regiones”, para su común tratamiento cómo “comunidades autónomas” (artículos  143 a 158), en un “café para todos” tan sólo alterado por  la Disposición  Adicional Primera referida a los “derechos históricos de los territorios forales”, la Transitoria Cuarta específica para Navarra y la más amplia Segunda – de contenido ya caduco- sobre constitución de las autonomías con Estatutos “plebiscitados en el pasado” –es decir, Cataluña, País Vasco y Galicia-. Precisamente las tres hoy Comunidades Autónomas a las que el artículo 2 llama – con grave error semántico- “nacionalidades”.

Porque en buena gramática, la palabra “nacionalidad”, y su plural “nacionalidades” tienen un significado muy distinto.  Bien claro está en el Diccionario de la RAE: “condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación”, y más jurídicamente, “vínculo jurídico de una persona con un Estado (…)”[1].

La nacionalidad es un atributo de las personas, para nada es el conjunto de ellas o el territorio en que esa población se asienta.  Sí lo es la región, y de aquí la discordancia redaccional, cuando se las presenta como los dos tipos de entidades que pasarán a ser Comunidades Autónomas (a más de dos ciudades, ese es otro tema).

Salvemos la congruencia: o “nacionalidades y regionalidades” (¡qué difícil de decir!), o “naciones y regiones”.

Todos sabemos por qué no se llegó a esta fórmula al redactarse la Constitución, el temor a utilizar una palabra ¿de signo independentista? (¡cuanta ignorancia!), y al tiempo reconocer la singularidad – lengua, historia, costumbres- de ciertos territorios.

Y si para ello había que sacrificar calidad en el léxico, qué le vamos a hacer.

Curiosamente, fueron los Diputados pertenecientes a la entonces Alianza Popular (Jarabo Payá, Licinio de la Fuente, Gómez de las Roces, Fernández de la Mora), quiénes en la Comisión de Asuntos Constitucionales ( sesión de 12 de Mayo de 1978) impugnaron el uso de la palabra “nacionalidades” por su sinonimia con la de “naciones” para, por supuesto oponerse a ambas.

Sinonimia que, desde campos políticos distintos, corroboraron los Ponentes constitucionales Cisneros Laborda, Solé Tura, Roca Junyent y Peces Barba, quiénes sin embargo optaron –según Cisneros, por razones de prudencia- por el vocablo inadecuado que ha prevalecido[2].

Que prevalecerá o no en el futuro, pero cuya sustitución por el otro término y consecuente consideración de España como nación de naciones –lo son muchas en el mundo-  no habría que desecharla en una futura reforma constitucional de signo federal, garante de unidad y diversidad y, por eso mismo, valladar frente a aventuras secesionistas.

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[1] Claro que la RAE, curándose en salud tras la Constitución, da para España la tercera acepción de “Comunidad autónoma a la que, en su Estatuto, se le reconoce una especial identidad histórica y cultural”. Pero eso es coger el rábano por las hojas, es convertir el predicado en sujeto.

[2] Vide Cortes Generales, Constitución española, trabajos parlamentarios, tomo I, Madrid 1980, sesión de 12/05/1.980, particularmente pags. 2282 ss.


Carlos María Bru Purón es notario, ya jubilado. Ha sido diputado por el PSOE en Madrid  y también  en el Parlamento Europeo.

Última actualización el Martes, 22 de Septiembre de 2015 14:21
 
Del marxismo a "Juego de Tronos" PDF Imprimir E-mail
Escrito por Maximo Cortezón   
Viernes, 03 de Julio de 2015 09:20

Es conocida la famosa paráfrasis que hace Marx de Hegel en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, acerca tanto de los hechos históricos como de los personajes, cuando afirma que los unos y los otros en la historia universal se repiten dos veces <<una vez como tragedia y otra como farsa>>.

Los hechos y los personajes a los que se refiere Marx surgen con los acontecimientos revolucionarios de 1793 en Francia, pero los personajes a los que nosotros nos referiremos no serán los Dantón, Robespierre o el mismo Napoleón, de los que habla Marx en esta pequeña, pero importante obra, sino aquellos intelectuales que desde mediados el siglo XIX van a combinar la actividad revolucionaria con la pluma para analizar teóricamente la política con el objetivo de hacer posible su profunda trasformación socioeconómica, política y cultural.

El mismo Marx y su extensa obra de crítica política y económica al mundo capitalista es el más destacado paradigma de este nuevo tipo de intelectual político. No hubo un sólo movimiento socio-político surgido el siglo XIX que no tuviera sus intelectuales comprometidos con su lucha y que tratasen de formar a sus seguidores por medio de la plasmación de su pensamiento en una obra escrita. El movimiento anarquista tuvo a Mijaíl Bakunin a uno de sus primeros intelectuales y fundadores. La Liga Espartaquista, de la que devino el Partido Comunista Alemán, tuvo a Rosa Luxemburgo a su más preclara mente política. El bolcheviquismo del Partido Socialdemócrata Ruso tuvo a Vladimir I. Lenin a su gran teórico y, también, al mayor de los disidentes marxistas ruso de la vía comunista al socialismo, León Trotsky. Todos estos grandes teóricos de la revolución tienen en común el haber elaborado una importante e influyente obra en el movimiento obrero de los siglos XIX y gran parte del XX.

Mas en la actualidad aquellos que propugnan el cambio de modelo político, económico o productivo no parecen necesitar escribir sus propuestas en grandes obras para que sirvan de guía a sus partidarios. Vivimos en una época que ha sido definida por el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman por medio de la brillante metáfora de “líquida” y que parece ser contraria a lo sólido y permanente. Desde esta visión de la vida moderna no hay nada más efímero, breve que los contenidos de las redes sociales y en general de todo tipo de producto que se consume con rapidez y sin ningún esfuerzo. Por esto, el paciente y continuado esfuerzo que una lectura atenta de una obra más o menos árida como pueden ser las de tipo filosófico, político o económico, tiene pocas posibilidades de captar el interés de los ciudadanos y ciudadanas, dado que disponen de muy escaso tiempo para efectuar esa lectura.

El lugar del libro para aprender y reflexionar sobre la vida, la sociedad y la política ha sido ocupado por Internet y las series de televisión, como lo prueba el regalo que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, hizo al rey, una colección completa de la serie de televisión “Juego de Tronos”, para que el monarca pudiera descifrar la claves ocultas de la política española, y suponemos que hasta de su propio pensamiento político.

Así pues, el marxismo ha sido sustituido por “Juego de Tronos” y los mensajes de 120 caracteres de Twitter a los debates ideológicos y políticos.

En esta época de la política líquida, donde hasta los programas electorales se quedan obsoletos, y por lo tanto incumplibles al día siguiente de su presentación al electorado, ya no es necesario el establecimiento de un Index de obras políticas prohibidas, pues no se leen. Tampoco es esperable que un régimen político occidental queme públicamente aquellos libros con peligrosos contenidos, ni tan siquiera podría inventarse una ficción como la que creó Ray Bradbury en su maravillosa distopía Fahrenheit 451, donde una brigada de Policías bomberos buscaba toda clase de bibliotecas privadas para incinerarlas.

Ahora esa brigada busca por las redes sociales, blog, comentarios en Twitter que desenmascaren a esos peligrosos activistas antisistema que tan peligrosos resultan para las gentes de orden y buen vivir, como son los “españoles” del PP.

Al comentarista político hoy se le puede juzgar e inhabilitar para la política, no ya por haber expuesto sus ideas en una obra escrita, sino por algo mejor, por haber escrito hace media década dos o tres lineas en un chats de amigos.

En resumen, volviendo a la paráfrasis inicial, que los hechos y personajes de la historia universal se producen dos veces, la primera como tragedia, Marx, Bakunin, Rosa Luxemburgo o Trotsky, y la segunda como farsa, Pablo Iglesias y su Juego de Tronos y el concejal Zapata y sus execrables twits. 

Última actualización el Viernes, 03 de Julio de 2015 09:23
 
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