NACIÓN, NACIONALIDAD, REGIÓN PDF Imprimir E-mail
Escrito por Carlos María Bru   
Martes, 22 de Septiembre de 2015 14:15

(Publicado en El Plural: 18709/2015) 

La nacionalidad es un atributo de las personas, para nada es el conjunto de ellas o el territorio en que esa población se asienta

      

Siguen estando al día las disquisiciones acerca de si Cataluña es o no  nación.

Discusión interminable y, peor, absolutamente estéril salvo que se quiera utilizar la letra de la ley cómo arma arrojadiza, desvirtuando su sentido normativo.

Porque nuestra Constitución es ley, la suprema ley del Estado, y de toda ley hay que atender a su contenido normativo, a su mandato, no a su calidad narrativa o incluso conceptual, la cual puede en ocasiones flojear cómo, con todos mis respetos, flojea en parte del artículo 2 de nuestra Carta Magna.

Incomodo al lector repitiéndole el precepto que de seguro sabe de memoria: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce  y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

Cómo se ve, el precepto distingue entre “nacionalidades” y “regiones”, para su común tratamiento cómo “comunidades autónomas” (artículos  143 a 158), en un “café para todos” tan sólo alterado por  la Disposición  Adicional Primera referida a los “derechos históricos de los territorios forales”, la Transitoria Cuarta específica para Navarra y la más amplia Segunda – de contenido ya caduco- sobre constitución de las autonomías con Estatutos “plebiscitados en el pasado” –es decir, Cataluña, País Vasco y Galicia-. Precisamente las tres hoy Comunidades Autónomas a las que el artículo 2 llama – con grave error semántico- “nacionalidades”.

Porque en buena gramática, la palabra “nacionalidad”, y su plural “nacionalidades” tienen un significado muy distinto.  Bien claro está en el Diccionario de la RAE: “condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación”, y más jurídicamente, “vínculo jurídico de una persona con un Estado (…)”[1].

La nacionalidad es un atributo de las personas, para nada es el conjunto de ellas o el territorio en que esa población se asienta.  Sí lo es la región, y de aquí la discordancia redaccional, cuando se las presenta como los dos tipos de entidades que pasarán a ser Comunidades Autónomas (a más de dos ciudades, ese es otro tema).

Salvemos la congruencia: o “nacionalidades y regionalidades” (¡qué difícil de decir!), o “naciones y regiones”.

Todos sabemos por qué no se llegó a esta fórmula al redactarse la Constitución, el temor a utilizar una palabra ¿de signo independentista? (¡cuanta ignorancia!), y al tiempo reconocer la singularidad – lengua, historia, costumbres- de ciertos territorios.

Y si para ello había que sacrificar calidad en el léxico, qué le vamos a hacer.

Curiosamente, fueron los Diputados pertenecientes a la entonces Alianza Popular (Jarabo Payá, Licinio de la Fuente, Gómez de las Roces, Fernández de la Mora), quiénes en la Comisión de Asuntos Constitucionales ( sesión de 12 de Mayo de 1978) impugnaron el uso de la palabra “nacionalidades” por su sinonimia con la de “naciones” para, por supuesto oponerse a ambas.

Sinonimia que, desde campos políticos distintos, corroboraron los Ponentes constitucionales Cisneros Laborda, Solé Tura, Roca Junyent y Peces Barba, quiénes sin embargo optaron –según Cisneros, por razones de prudencia- por el vocablo inadecuado que ha prevalecido[2].

Que prevalecerá o no en el futuro, pero cuya sustitución por el otro término y consecuente consideración de España como nación de naciones –lo son muchas en el mundo-  no habría que desecharla en una futura reforma constitucional de signo federal, garante de unidad y diversidad y, por eso mismo, valladar frente a aventuras secesionistas.

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[1] Claro que la RAE, curándose en salud tras la Constitución, da para España la tercera acepción de “Comunidad autónoma a la que, en su Estatuto, se le reconoce una especial identidad histórica y cultural”. Pero eso es coger el rábano por las hojas, es convertir el predicado en sujeto.

[2] Vide Cortes Generales, Constitución española, trabajos parlamentarios, tomo I, Madrid 1980, sesión de 12/05/1.980, particularmente pags. 2282 ss.


Carlos María Bru Purón es notario, ya jubilado. Ha sido diputado por el PSOE en Madrid  y también  en el Parlamento Europeo.

Última actualización el Martes, 22 de Septiembre de 2015 14:21
 
Del marxismo a "Juego de Tronos" PDF Imprimir E-mail
Escrito por Maximo Cortezón   
Viernes, 03 de Julio de 2015 09:20

Es conocida la famosa paráfrasis que hace Marx de Hegel en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, acerca tanto de los hechos históricos como de los personajes, cuando afirma que los unos y los otros en la historia universal se repiten dos veces <<una vez como tragedia y otra como farsa>>.

Los hechos y los personajes a los que se refiere Marx surgen con los acontecimientos revolucionarios de 1793 en Francia, pero los personajes a los que nosotros nos referiremos no serán los Dantón, Robespierre o el mismo Napoleón, de los que habla Marx en esta pequeña, pero importante obra, sino aquellos intelectuales que desde mediados el siglo XIX van a combinar la actividad revolucionaria con la pluma para analizar teóricamente la política con el objetivo de hacer posible su profunda trasformación socioeconómica, política y cultural.

El mismo Marx y su extensa obra de crítica política y económica al mundo capitalista es el más destacado paradigma de este nuevo tipo de intelectual político. No hubo un sólo movimiento socio-político surgido el siglo XIX que no tuviera sus intelectuales comprometidos con su lucha y que tratasen de formar a sus seguidores por medio de la plasmación de su pensamiento en una obra escrita. El movimiento anarquista tuvo a Mijaíl Bakunin a uno de sus primeros intelectuales y fundadores. La Liga Espartaquista, de la que devino el Partido Comunista Alemán, tuvo a Rosa Luxemburgo a su más preclara mente política. El bolcheviquismo del Partido Socialdemócrata Ruso tuvo a Vladimir I. Lenin a su gran teórico y, también, al mayor de los disidentes marxistas ruso de la vía comunista al socialismo, León Trotsky. Todos estos grandes teóricos de la revolución tienen en común el haber elaborado una importante e influyente obra en el movimiento obrero de los siglos XIX y gran parte del XX.

Mas en la actualidad aquellos que propugnan el cambio de modelo político, económico o productivo no parecen necesitar escribir sus propuestas en grandes obras para que sirvan de guía a sus partidarios. Vivimos en una época que ha sido definida por el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman por medio de la brillante metáfora de “líquida” y que parece ser contraria a lo sólido y permanente. Desde esta visión de la vida moderna no hay nada más efímero, breve que los contenidos de las redes sociales y en general de todo tipo de producto que se consume con rapidez y sin ningún esfuerzo. Por esto, el paciente y continuado esfuerzo que una lectura atenta de una obra más o menos árida como pueden ser las de tipo filosófico, político o económico, tiene pocas posibilidades de captar el interés de los ciudadanos y ciudadanas, dado que disponen de muy escaso tiempo para efectuar esa lectura.

El lugar del libro para aprender y reflexionar sobre la vida, la sociedad y la política ha sido ocupado por Internet y las series de televisión, como lo prueba el regalo que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, hizo al rey, una colección completa de la serie de televisión “Juego de Tronos”, para que el monarca pudiera descifrar la claves ocultas de la política española, y suponemos que hasta de su propio pensamiento político.

Así pues, el marxismo ha sido sustituido por “Juego de Tronos” y los mensajes de 120 caracteres de Twitter a los debates ideológicos y políticos.

En esta época de la política líquida, donde hasta los programas electorales se quedan obsoletos, y por lo tanto incumplibles al día siguiente de su presentación al electorado, ya no es necesario el establecimiento de un Index de obras políticas prohibidas, pues no se leen. Tampoco es esperable que un régimen político occidental queme públicamente aquellos libros con peligrosos contenidos, ni tan siquiera podría inventarse una ficción como la que creó Ray Bradbury en su maravillosa distopía Fahrenheit 451, donde una brigada de Policías bomberos buscaba toda clase de bibliotecas privadas para incinerarlas.

Ahora esa brigada busca por las redes sociales, blog, comentarios en Twitter que desenmascaren a esos peligrosos activistas antisistema que tan peligrosos resultan para las gentes de orden y buen vivir, como son los “españoles” del PP.

Al comentarista político hoy se le puede juzgar e inhabilitar para la política, no ya por haber expuesto sus ideas en una obra escrita, sino por algo mejor, por haber escrito hace media década dos o tres lineas en un chats de amigos.

En resumen, volviendo a la paráfrasis inicial, que los hechos y personajes de la historia universal se producen dos veces, la primera como tragedia, Marx, Bakunin, Rosa Luxemburgo o Trotsky, y la segunda como farsa, Pablo Iglesias y su Juego de Tronos y el concejal Zapata y sus execrables twits. 

Última actualización el Viernes, 03 de Julio de 2015 09:23
 
Análisis de los resultados electorales PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrador   
Jueves, 25 de Junio de 2015 15:41

                                       

Os invitamos al debate abierto sobre      

Análisis de los resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas. Pactos postelectorales    

(Introducción al tema por Aurora Ruiz) 

 

Fecha: viernes 26 de junio de 2015

Hora: 19,00

 

Lugar: Ateneo de Madrid (salón de la Cacharrería)

         Calle del Prado 21

Última actualización el Jueves, 25 de Junio de 2015 15:46
 
Electorado cambiante PDF Imprimir E-mail
Escrito por Laureano Gómez   
Domingo, 21 de Junio de 2015 21:02

Observando el grafico que sigue, de estimación de voto del electorado español (1), publicado el domingo día 7 de junio en el diario El País transcurridas tan solo menos de dos semanas de las elecciones autonómicas y municipales, pareciera que el citado electorado esta sumido en una profunda desorientación.


La desafortunada gestión de la crisis económica llevada a cabo por el último gobierno socialista, la fuerte oposición del Partido Popular a las medidas puestas en practica por el gobierno socialista a requerimiento de la troika comunitaria (CE, BCE y FMI) y la campaña interesada de identificación de las políticas del PP y del PSOE, crearon un estado de opinión que favoreció la llegada al poder del Partido Popular en las Elecciones Generales de Noviembre de 2011 con casi once millones de votos, una holgada mayoría absoluta que le ha permitido gobernar de manera totalitaria. La suma de votos de las alternativas a los dos partidos mayoritarios (IU y UpD) no consiguieron rentabilizar el descontento social y alcanzaron tan solo tres millones de votantes, contra siete millones del PSOE. Los resultados de las políticas y acciones colaterales llevadas a cabo durante estos cuatro años son conocidos y han generado un nuevo escenario político que se ha puesto de manifiesto en las elecciones autonómicas y municipales del pasado mes de mayo.

En unos meses seremos llamados de nuevo para decidir quien ha de gobernar España para los siguientes cuatro años. La Constitución establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, y creyéndonos esta bella frase acudimos periódicamente a las urnas para ejercer nuestra supuesta soberanía. Es bien sabido que, en la práctica, el poder soberano reside en los acreedores del Estado, así ocurre en España y en el resto de países, y en las oligarquías económicas dominantes en cada país. A pesar de ello, y aún rebelándonos contra ese déficit democrático, no todos entendemos que los dos partidos políticos mayoritarios hasta ahora en el panorama español representen y defiendan los mismos intereses, como se viene a demostrar en los acuerdos llevados a cabo en los últimos días, que muchos recibimos con interés y expectación.

La corriente de aire fresco que ha supuesto la aparición de nuevos partidos a ambos lados del espectro político y que puede ser la garantía para una mayor transparencia en la gestión publica y de regeneración de la ética política, esta siendo entendida por los poderes reales, incluido el Partido Popular como representante político de aquellos, como una amenaza a la estabilidad, sin más, al equilibrio, al estatus quo, al sistema, y en este miedo a lo desconocido caen muchos electores, a pesar de que el sistema esté podrido, de que la estabilidad de la que hablan es la de los poderosos, su miedo al cambio, pavor a una involución en la trayectoria marcada.

Por desgracia este tipo de mensajes cala en una parte de la ciudadanía, y quizás explique los cambios en la orientación del voto. El miedo inhibe al individuo, lo aprisiona, lo desactiva socialmente y condiciona su voto. El Partido Popular, quien no cree en el sector publico, que recorta las libertades y los derechos sindicales, que rebaja las prestaciones sociales y dispone de dos varas de medir (ellos y los demás), vuelve a situarse en cabeza en intención de voto aunque lejos de los resultados obtenidos en 2011. En el nuevo escenario político difícilmente podrá ejercer el PP el inmenso poder del que ha dispuesto en estos últimos cuatro años en los tres niveles territoriales, pero es preciso tener en cuenta la sólida base electoral de que dispone, quizás derivada de la evolución de la estratificación social española a favor de unas nuevas clases medias emergentes (directivos, profesionales, ejecutivos y empleados de cuello blanco que constituyen 6,9 millones de ciudadanos, el 37% de la población ocupada) que esta permitiendo tanto en España como en el resto de los países europeos la consolidación de gobiernos de ideología conservadora.

Por consiguiente es necesario neutralizar los mensajes catastrofistas del Partido Popular y sus voceros, acertar en las políticas autonómicas y municipales durante los meses que restan hasta noviembre, elaborar una acertada política de comunicación y no olvidar en modo alguno al electorado del centro ideológico.


(1)   Censo electoral 2011: 34,3 millones de personas

Votantes: 24,5 millones

Abstención: 9,7 millone

Encuesta de Población Activa: 17,5 millones

Parados: 5,4 millones

Pensionistas: 8,1 millones


                                          Laureano Gómez

                                                                16 junio de 2015.


Última actualización el Domingo, 21 de Junio de 2015 21:21
 
El comportamiento de la burguesía española PDF Imprimir E-mail
Escrito por Laureano Gómez   
Jueves, 04 de Junio de 2015 13:28

Ni siquiera la fuerza de los votos consiguió arrebatarle el poder a la burguesía española en tiempos de la II Republica, su empeño en mantener el control de España, esa finca que consideraban su propiedad, llevo al país a una contienda civil que desemboco en el establecimiento de un dictadura militar de funestas repercusiones para las generaciones venideras.

 

Poder político para disponer a su antojo de España, una España formada por territorios y personas a su servicio, terratenientes y señoritos andaluces, industriales del norte y agricultores y ganaderos del centro, ejercito e iglesia como contenedores del descontento popular, acción policial y educación para la servidumbre, herramientas poderosas al servicio de la burguesía para el mantenimiento de la propiedad, para el ejercicio sin paliativos de los negocios. España país, nación, patria incluso; conceptos hipócritas al servicio de la minoría dominante.

 

La reciente democracia post-franquista, aceptada por la burguesía ante la imposibilidad de mantener una dictadura en una Europa post-bélica y renaciente y en un nuevo contexto internacional, ha sido sorteado por aquella, representada políticamente por Alianza Popular y después Partido Popular, gracias a la aceptación por el socialismo democrático de gran parte de los intereses de dicha burguesía a cambio de la permisibilidad de un cierto Estado benefactor en materia social, cultural, educativa y sanitaria. La privatización de sectores industriales considerados estratégicos durante la época franquista, la delegación de funciones del Estado al sector privado, los negocios asociados a las obras de infraestructuras estatales, las oportunidades de negocio generadas por la cesión de competencias a las comunidades autonómicas y un bipartidismo controlado han permitido a la burguesía recuperar el terreno inicialmente cedido y ganar poder en un contexto internacional favorable. Las nuevas corrientes ideológicas del renaciente liberalismo económico –neoliberalismo- aparecidas en paralelo con la llegada de la democracia a España y llevadas a la práctica en los distintos gobiernos españoles (siguiendo las mismas acciones llevadas a cabo en el resto de países del área OCDE) no han hecho sino incrementar el peso –influencia y riqueza- de la burguesía española a pesar del sistema democrático cuya misión debiera haber sido invertir la tendencia a favor del resto de la población.

 

Las mayorías absolutas del PP en el gobierno de la nación y en la mayoría de las comunidades autónomas y ayuntamientos de capitales de provincia han afianzado el poder burgués y permitido recuperar para sus intereses el terreno conquistado por la ciudadanía en materia de derechos laborales (reforma laboral), del Estado benefactor (disminución de prestaciones sociales, privatización de sectores intocables hasta entonces) y de las libertades ciudadanas (ley mordaza). En el proceso de recuperación de la propiedad de España emergieron demasiados casos de corrupción, comisiones para los intermediarios políticos o civiles, sicarios de la burguesía dispuestos a todo, organizaciones delictivas para la apropiación indebida, descapitalización del país, impunidad al descubierto. Por razones que los sociólogos deberán explicar, una parte importante de la población ha tolerado la corrupción (como ha podido comprobarse en los refrendos electorales, en ciertas áreas geográficas, de quienes la practicaban, la toleraban, la consentían o eran beneficiarios directos o indirectos de ella), hasta la toma de conciencia colectiva de la gravedad de los delitos cometidos de los que han sido artífices los movimientos sociales, la acción de la justicia y los medios de comunicación.

 

El descontento popular emergido en forma del movimiento 15M, las mareas ciudadanas posteriores –con el gobierno Rajoy- contra los intentos descalificadores de lo publico y de privatización de áreas tan socialmente sensibles como la educación o la sanidad, el descontento de los sectores asociados a la cultura, el trato vejatorio a los funcionarios públicos, han calado hasta desembocar en lo que se perfilaba como la consecuencia lógica, la aparición de partidos políticos aglutinadores de dicho descontento. Los intentos de acallar el movimiento, de ningunearlo al principio, de desacreditarlo después, no consiguieron sus objetivos. Las elecciones europeas fueron el primer aviso y las autonómicas y municipales el segundo. A continuación el pánico.

 

El previsible fin del bipartidismo, con la aparición de nuevos partidos políticos en competencia con los dos partidos mayoritarios, puede favorecer una praxis política menos contaminada del clientelismo y del mal sistémico de los contratos a medida y de las comisiones y prebendas, pero la burguesía hará lo imposible por mantener su poder sobre la sociedad y las instituciones, de ahí el interés en un pacto PP-PSOE que deje fuera de juego a los partidos emergentes. Pero tal pacto no solo perjudicaría al PSOE, que podría quedar al borde de su desaparición, sino al propio Partido Popular en beneficio de Ciudadanos.

 

La burguesía, representada políticamente por el PP, enfrentada al mayor peligro después de la II Republica, la perdida real de su patria, la España en propiedad, la España de los negocios, de los negocios fáciles, cortoplacista, la España sin proyecto, a la que incendia si se la arrebatan para apropiársela de nuevo, no se quedará quieta y creara su plan. No son ajenas a este propósito las palabras del actual Ministro de Hacienda estando en la oposición, en las que prefería dejar hundir el país antes de mantenerlo en manos del gobierno de Zapatero.

 

 

                                  

                                                                       Laureano Gómez

2 de junio de 2015

 
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