Derechas e izquierdas ¿somos iguales? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Laureano   
Jueves, 23 de Octubre de 2014 08:32

                               

                                  Os invitamos a la tertulia-debate  sobre    

 

a) Derechas e izquierdas ¿somos iguales?

b) Confianza

 

(Basado en los artículos publicados por Maximino Cortezón en Diario Progresista y en nuestra página: www.socialistasporeldebate.es )  

 

                 

Fecha: viernes 24 de octubre

Hora: 19,00

 

Lugar: Ateneo de Madrid (salón de la Cacharrería)


         Calle del Prado 21

Última actualización el Jueves, 23 de Octubre de 2014 08:38
 
¿Retórica o futuro? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Luis Acebal Monfort   
Lunes, 20 de Octubre de 2014 14:00

Titulo: ¿Retórica o futuro?

            Un libro sobre los derechos humanos en España hoy.      

 

Autor: Luis Acebal Monfort

 

Licenciado en Filosofía (Pullach – Munich), en Teología (Eegenhoven - Lovaina) y en Ciencias de la Información (Complutense – Madrid). Ha seguido otros cursos universitarios de Derecho (Oviedo) y de Psicología-Pedagogía (Lovaina). Ha sido, entre otros, Secretario General de un Instituto privado de Investigación en ciencias sociales; Director de un programa de formación de directivos en organización y gestión de la innovación; Director de una ONG de asesoramiento para pymes a cargo de profesionales voluntarios jubilados; y directivo de la Asociación Pro Derechos Humanos de España (de la que ha sido Vicepresidente y Secretario General).

 

Sinopsis:

 

Un libro que divulga la esencia internacional de los derechos humanos demasiado mal conocida en España hoy.

Trata aspectos generales, el fundamento ético, la educación en derechos humanos, su aplicación como derecho internacional. Crítica la separación excesiva entre los derechos civiles y los sociales.

Una segunda parte toca temas concretos e importantes en España: mujer, raza, vivienda, tortura, jurisdicción universal, empresas multinacionales, etc.

La conclusión es que por encima de retóricas o manipulaciones es necesario volver siempre a los derechos humanos para no quemar nuestro futuro como país.

 
El derecho a la libertad religiosa PDF Imprimir E-mail
Escrito por Laureano Gómez   
Martes, 14 de Octubre de 2014 07:37

“Estamos asistiendo a una ofensiva contra las creencias religiosas y es preciso atajar esta corriente invasora de laicismo integrista y de ateismo militante”.

 

Estas podrían ser las palabras de quienes se sienten “amenazados” por lo que no es sino el avance natural de las costumbres y la desaparición de los viejos valores religiosos en las modernas sociedades democráticas. Los defensores de las religiones, liderados por sus máximos representantes, entienden la Libertad Religiosa como el primero de los derechos, situado en la base de todos los demás derechos e inseparablemente unido a ellos (Juan Pablo II).  Pero al mismo tiempo es un derecho que lo perciben como excluyente de otros, tales como los de libertad de pensamiento o de elección de otras opciones religiosas, dado el carácter obligatorio del derecho en cuanto que todos los hombres tienen la obligación de buscar la verdad objetiva, absoluta, incuestionable y encontrar en ella al Dios único (Concilio Vaticano II). No se trata pues de libertad de elegir libremente una u otra opción religiosa, sino solo aquella que es verdadera, y contradictoriamente las tres religiones monoteístas así se consideran excluyendo a las otras dos de este privilegio.

 

Por esta razón cualquier intento de promover avances en el laicismo del Estado es interpretado como una amenaza a la Libertad Religiosa tal como ellos la entienden, como un ataque a la religión verdadera, como una persecución de las creencias religiosas, como una actitud intolerante ante lo sagrado, como una herejía que es preciso erradicar. De ahí que cuando se legisla en materia de divorcio y separaciones matrimoniales, de reconocimiento de la homosexualidad como una cualidad humana no perversa, de interrupción del embarazo, del derecho a una muerte no dolorosa o a la eutanasia, o de una educación no fundamentada en los valores religiosos se interpreta como un atentando contra los principios que sustenta su religión y contra la obligación que tiene todo ser humano a conocer la verdad, es decir de conocer a Dios y de cumplir con las preceptos que la religión verdadera mandata. Quizás por ello todos los padres cristianos tienen la obligación de educar a sus hijos en el cristianismo, lo que es lo mismo que decir que han de ser adoctrinados en las mismas creencias religiosas de sus padres, que igualmente fueron adoctrinados siendo niños. Por fortuna, en los tiempos presentes, la mayoría de los humanos no creemos en la amenaza de la condena al fuego eterno que tantos beneficios han reportado al cristianismo y al islamismo desde sus orígenes, ni tenemos miedo a ser considerados herejes ni a ser castigado en vida por no creer en Dios; aunque todavía sufrimos la cólera de los predicadores de la verdad.  

 

De igual manera, cuando la sociedad manifiesta un alejamiento de los supuestos valores religiosos, como esta ocurriendo en gran parte de la juventud actual simplemente por convicción de otras creencias y valores, consideran que la juventud esta amenazada, viciada por una sociedad cuyas costumbres han sido pervertidas.  

 

Cualquier posicionamiento, por leve que sea, en defensa de un Estado Laico es interpretada como una “cruzada” (que ironía) antirreligiosa, como una actitud integrista ante el derecho de Libertad Religiosa por la pretensión de llevar al ámbito de lo privado las creencias religiosas y su simbología, dado que ellos consideran que éstas constituyen un hecho publico y por consiguiente debe ser incluido como parte sustancial de la forma de Estado. Las leyes que no contemplan el hecho religioso son consideradas como contrarias a los valores inmutables de la humanidad. La eliminación de la simbología religiosa de los centros públicos y de los actos oficiales así como la no participación de los representantes públicos en los actos religiosos es interpretada como una ofensa al  derecho de Libertad Religiosa.

 

Una interpelación parlamentaria relacionada con la financiación de la Iglesia Católica, una petición de revisión de los acuerdos con el Vaticano, una demanda para que la IC pague el impuesto de bienes inmuebles, una critica al posicionamiento fuera de lugar de un Obispo, pretender que la religión salga de las aulas, denunciar casos de pederastia cometidos por sacerdotes, pedir que se cierren los centros de culto de las universidades publicas, criticar la inmatriculación de bienes por parte de la Iglesia (derecho otorgado por el cual la IC puede registrar a su nombre cuantos bienes existan sin propietario) o la petición de retirada de símbolos religiosos de los centros oficiales, por poner algunos ejemplos nada relevantes, son recogidos en un informe publicado en 2013 por la revista Ecclesia como ataques a la Libertad Religiosa, a la cual no se le debe imponer ningún tipo de restricción al tratarse de un “derecho obligatorio”.

 

No contemplan que la Libertad Religiosa es también el derecho a profesar otras creencias religiosas o no, y por consiguiente el de ser agnóstico, ateo e incluso estar en contra de forma activa contra las creencias religiosas por entender que estas son contrarias al pensamiento racional, al conocimiento científico y no supone ninguna necesidad vital para las personas. Va siendo hora de desterrar el derecho a la Libertad Religiosa y batallar por la Libertad de Conciencia y de Pensamiento.

 

 
El Estado Neoliberal PDF Imprimir E-mail
Escrito por Laureano Gómez   
Lunes, 06 de Octubre de 2014 15:11

Laureano Gómez

 

4 octubre 2014 (Publicado en diario Progresista)

 

Es indudable que los sistemas democráticos instaurados en Europa occidental tras la II Guerra Mundial trajeron a éstos países una época de prosperidad desconocida hasta entonces. La intervención del Estado en las políticas económicas e industriales supuso, de la mano de la socialdemocracia, la mejora en las condiciones de trabajo, la disminución de las desigualdades y un avance sustancial en los derechos sociales. El reconocimiento del derecho a la salud, a la educación, a la cultura, a la asistencia social, a la vivienda y al descanso trajeron consigo el denominado “Estado de Bienestar” gracias a que el Estado, por primera vez, se había configurado como el garante de los derechos ciudadanos, se había constituido como un Estado Social, contrariamente al Estado Liberal de las décadas anteriores en el que primaban los intereses de la burguesía.

 

Pero este periodo, al que España se incorporo de forma tardía por la sobrevivencia del Estado dictatorial franquista, ha llegado a su final. Europa, y el resto del mundo occidental, han dado la espalda al Estado benefactor para volver a los tiempos en los que los ricos gobernaban, aquellos tiempos en los que el Estado ponía al servicio de sus intereses minoritarios sus instrumentos de disuasión.

 

La extraordinaria simbiosis entre las oligarquías económicas y financieras multinacionales y el Partido Republicano en EEUU y Conservador en el Reino Unido, consolidada en los gobiernos de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher, están en el origen de la configuración de un nuevo Estado Neoliberal o Ultraliberal en el que los intereses de los ciudadanos son ignorados y mancillados en beneficio de los intereses de una oligarquía financiera y económica dominante que, habiéndose hecho con todos los resortes del poder y conseguido poner a sus disposición las ventajas de la globalización, hace imposible cualquier intento de llevar a cabo políticas ajenas a sus intereses si no existe un consenso internacional.

 

Es a partir de entonces cuando los partidos conservadores del resto de países democráticos se han sentido respaldados para llevar a cabo las políticas en las que siempre creyeron, mientras que los representantes de la izquierda sociológica se han visto desprovistos de una alternativa coherente capaz de hacerles frente o han participado de la nueva corriente constituyéndose en victimas de las políticas que ellos mismo han ayudado a impulsar mediante el consentimiento en la privación al Estado de las políticas económicas (no intervencionismo, privatización de sectores estratégicos, desregulación de mercados, externalización de servicios públicos, sometimiento a organismos internacionales de marcado interés oligárquico, …) y la aceptación de los principios del pensamiento único en materia macroeconómica. El nuevo sistema de valores del neoliberalismo ha sido asumido por la práctica totalidad del parlamentarismo, y con ello el Estado ha dejado de ser social para someterse al servicio de los intereses de los nuevos ricos.

 

El estallido de la última crisis del moderno capitalismo, provocada por los desmanes en el modelo neoliberal o ultraliberal, podría haber sido una ocasión para dar un giro a la situación y retomar las riendas de la economía por parte del Estado, sin embargo, y pesar de las declaraciones de algunas figuras destacadas por reinventar el capitalismo, lo cierto es que la gestión de la crisis fue y esta siendo llevada a cabo, directa o indirectamente, por quienes la provocaron, utilizando al Estado como el instrumento necesario para sanear los agujeros contables en el sistema financiero.

 

Las propuestas que los organismos internacionales lanzan para salir de la crisis no suponen un cambio de rumbo sino, muy al contrario, afianzar y profundizar en las políticas de reducción del gasto publico –principalmente en lo referente a servicios a los ciudadanos y salarios de los funcionarios-, de desregulación del mercado de trabajo con el consiguiente abaratamiento de los costes laborales, de externalización de servicios públicos, de privatizaciones en sectores que nunca debieron ser objeto de negocio, medidas todas ellas que empobrecen a los ciudadanos y restringen sus derechos.

 

En este escenario campan a sus anchas los prestamistas y las multinacionales que buscan reducir o anular la fiscalidad gracias a la elusión fiscal, las técnicas de ingeniería fiscal y a la existencia de paraísos fiscales a gusto del consumidor, mientras que los Estados siguen incrementando su deuda publica para beneficio de los buitres del mercado financiero que no dudan en cobrarla, y a unos intereses elevados, como es el caso de España gracias al blindaje constitucional de su pago.

 

La consecuencia es un incremento brutal de la desigualdad, los ricos son cada día más ricos y los pobres más pobres. Por poner algunos ejemplos, en los EEUU de Norteamérica del orden de 46 millones de personas están bajo el umbral de la pobreza, en España esta parámetro se sitúa, en términos porcentuales de la población, en el 22%  (disponibilidad por debajo de 19€/día por persona y de 40€ para familias con dos hijos).

 

Es preciso poner freno a esta injusticia desenfrenada, cuestionar la solvencia de los organismos internacionales, poner en duda la legitimidad de unos estados que se sitúan cada vez más alejados de los intereses comunes. Cualquier propuesta encaminada en esta dirección será tachada de populista, como establecer limites a la acumulación de riqueza mediante un impuesto a la renta sin un tipo impositivo máximo, el impuesto a la transacciones financieras internacionales que no termina de llegar a pesar de su levedad (tasa Tobin), la lucha contra la elusión fiscal, el impago de impuestos, la evasión de capitales y los paraísos fiscales.

 

Si los estados no son capaces de ponerse de acuerdo para establecer mecanismos internacionales del control de la riqueza, serán los ciudadanos quienes, a través de la protesta social, obligaran a los estados a reconducirse a si mismos y volver a la defensa de los intereses comunitarios, por encima de los intereses espurios de quienes se han apropiado de los instrumentos del Estado de derecho para propio beneficio. Porque la verdad de lo que esta ocurriendo es que el Estado hace de Robin Hood inverso, recauda de los que menos tienen para llevarlo al bolsillo de los que mas tienen. Así es el Estado Neoliberal o Ultraliberal, que lo mismo da. 

Última actualización el Lunes, 06 de Octubre de 2014 15:13
 
El Estado Neoliberal PDF Imprimir E-mail
Escrito por Laureano Gómez   
Lunes, 06 de Octubre de 2014 00:00

4 octubre 2014 (Publicado en diario Progresista)

 

Es indudable que los sistemas democráticos instaurados en Europa occidental tras la II Guerra Mundial trajeron a éstos países una época de prosperidad desconocida hasta entonces. La intervención del Estado en las políticas económicas e industriales supuso, de la mano de la socialdemocracia, la mejora en las condiciones de trabajo, la disminución de las desigualdades y un avance sustancial en los derechos sociales. El reconocimiento del derecho a la salud, a la educación, a la cultura, a la asistencia social, a la vivienda y al descanso trajeron consigo el denominado “Estado de Bienestar” gracias a que el Estado, por primera vez, se había configurado como el garante de los derechos ciudadanos, se había constituido como un Estado Social, contrariamente al Estado Liberal de las décadas anteriores en el que primaban los intereses de la burguesía.

 

Pero este periodo, al que España se incorporo de forma tardía por la sobrevivencia del Estado dictatorial franquista, ha llegado a su final. Europa, y el resto del mundo occidental, han dado la espalda al Estado benefactor para volver a los tiempos en los que los ricos gobernaban, aquellos tiempos en los que el Estado ponía al servicio de sus intereses minoritarios sus instrumentos de disuasión.

 

La extraordinaria simbiosis entre las oligarquías económicas y financieras multinacionales y el Partido Republicano en EEUU y Conservador en el Reino Unido, consolidada en los gobiernos de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher, están en el origen de la configuración de un nuevo Estado Neoliberal o Ultraliberal en el que los intereses de los ciudadanos son ignorados y mancillados en beneficio de los intereses de una oligarquía financiera y económica dominante que, habiéndose hecho con todos los resortes del poder y conseguido poner a sus disposición las ventajas de la globalización, hace imposible cualquier intento de llevar a cabo políticas ajenas a sus intereses si no existe un consenso internacional.

 

Es a partir de entonces cuando los partidos conservadores del resto de países democráticos se han sentido respaldados para llevar a cabo las políticas en las que siempre creyeron, mientras que los representantes de la izquierda sociológica se han visto desprovistos de una alternativa coherente capaz de hacerles frente o han participado de la nueva corriente constituyéndose en victimas de las políticas que ellos mismo han ayudado a impulsar mediante el consentimiento en la privación al Estado de las políticas económicas (no intervencionismo, privatización de sectores estratégicos, desregulación de mercados, externalización de servicios públicos, sometimiento a organismos internacionales de marcado interés oligárquico, …) y la aceptación de los principios del pensamiento único en materia macroeconómica. El nuevo sistema de valores del neoliberalismo ha sido asumido por la práctica totalidad del parlamentarismo, y con ello el Estado ha dejado de ser social para someterse al servicio de los intereses de los nuevos ricos.

 

El estallido de la última crisis del moderno capitalismo, provocada por los desmanes en el modelo neoliberal o ultraliberal, podría haber sido una ocasión para dar un giro a la situación y retomar las riendas de la economía por parte del Estado, sin embargo, y pesar de las declaraciones de algunas figuras destacadas por reinventar el capitalismo, lo cierto es que la gestión de la crisis fue y esta siendo llevada a cabo, directa o indirectamente, por quienes la provocaron, utilizando al Estado como el instrumento necesario para sanear los agujeros contables en el sistema financiero.

 

Las propuestas que los organismos internacionales lanzan para salir de la crisis no suponen un cambio de rumbo sino, muy al contrario, afianzar y profundizar en las políticas de reducción del gasto publico –principalmente en lo referente a servicios a los ciudadanos y salarios de los funcionarios-, de desregulación del mercado de trabajo con el consiguiente abaratamiento de los costes laborales, de externalización de servicios públicos, de privatizaciones en sectores que nunca debieron ser objeto de negocio, medidas todas ellas que empobrecen a los ciudadanos y restringen sus derechos.

 

En este escenario campan a sus anchas los prestamistas y las multinacionales que buscan reducir o anular la fiscalidad gracias a la elusión fiscal, las técnicas de ingeniería fiscal y a la existencia de paraísos fiscales a gusto del consumidor, mientras que los Estados siguen incrementando su deuda publica para beneficio de los buitres del mercado financiero que no dudan en cobrarla, y a unos intereses elevados, como es el caso de España gracias al blindaje constitucional de su pago.

 

La consecuencia es un incremento brutal de la desigualdad, los ricos son cada día más ricos y los pobres más pobres. Por poner algunos ejemplos, en los EEUU de Norteamérica del orden de 46 millones de personas están bajo el umbral de la pobreza, en España esta parámetro se sitúa, en términos porcentuales de la población, en el 22%  (disponibilidad por debajo de 19€/día por persona y de 40€ para familias con dos hijos).

 

Es preciso poner freno a esta injusticia desenfrenada, cuestionar la solvencia de los organismos internacionales, poner en duda la legitimidad de unos estados que se sitúan cada vez más alejados de los intereses comunes. Cualquier propuesta encaminada en esta dirección será tachada de populista, como establecer limites a la acumulación de riqueza mediante un impuesto a la renta sin un tipo impositivo máximo, el impuesto a la transacciones financieras internacionales que no termina de llegar a pesar de su levedad (tasa Tobin), la lucha contra la elusión fiscal, el impago de impuestos, la evasión de capitales y los paraísos fiscales.

 

Si los estados no son capaces de ponerse de acuerdo para establecer mecanismos internacionales del control de la riqueza, serán los ciudadanos quienes, a través de la protesta social, obligaran a los estados a reconducirse a si mismos y volver a la defensa de los intereses comunitarios, por encima de los intereses espurios de quienes se han apropiado de los instrumentos del Estado de derecho para propio beneficio. Porque la verdad de lo que esta ocurriendo es que el Estado hace de Robin Hood inverso, recauda de los que menos tienen para llevarlo al bolsillo de los que mas tienen. Así es el Estado Neoliberal o Ultraliberal, que lo mismo da. 

Última actualización el Lunes, 06 de Octubre de 2014 15:09
 
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