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Ponencias y resúmenes
Escrito por Reyes Mate   
Lunes, 30 de Abril de 2012 00:00

 

TituloEl socialismo de la crisis

 

Fecha: 27 de abril de 2012

 

Autor: Reyes Mate

 

Sesión de "Socialistas por el debate",

celebrada en el restaurante "Puerta de Toledo",

el día 27 de abril del 2012

 

                                                                                             

            Quiero empezar agradeciendo a Aurora la invitación y, a todos vosotros, la presencia en esta tarde lluviosa. "Socialistas para el debate" sigue siendo un lugar de resistencia y de debate abierto, algo que no abunda precisamente. Planea sobre estas cenas el buen espíritu de Ángel Ramón.

 

1.      El socialismo de la crisis

Parece indiscutible que el socialismo lo está pasando mal. Desde la crisis los partidos socialistas europeos  han perdido 19 elecciones y sólo gobiernan en 4 de los 27 países de la UE. En España, la derrota reviste la forma de una débâcle y, si nos concentramos en Madrid, la débâcle es sencillamente agónica.

            Es verdad que hay voces discordantes en la interpretación de los datos. El sociólogo Ignacio Urquizu, en su artículo titulado "La opinión pública de la izquierda" (El País 3 de abril del 2012) dice que la mayoría de europeos se define de izquierdas (un 24,8%, frente a un 21,2% de derechas), aunque envejeciendo.  J.M. Maravall  puntualiza que vistas las cosas globalmente –desde la postguerra hasta hoy- los apoyos a la socialdemocracia no permiten hablar de "de un colapso, al menos en términos de poder". Habría que concluir entonces que atravesamos un mal momento, sin que haya razones para calificar la situación de catastrófica

Lo que proceda hacer en este momento depende, claro, del diagnóstico que hagamos de la crisis. Resulta de gran utilidad seguir la serie de artículos publicados por El País en las últimas semanas bajo el rótulo general de "La socialdemocracia en crisis". Simplificando un poco podemos decir que hay dos posiciones. Los hay que piensan que el problema es de saber, querer o poder aplicar las medidas clásicas de la socialdemocracia. El problema no es  la socialdemocracia sino de los gobiernos que no aplican sus medidas, de ahí que algunos, como el propio Maravall critique a “quienes se enfrascan en disputas retóricas y dudas existenciales” (en su artículo "Los deberes actuales", en El País del 27 de marzo del 2012). No hay razones para esos grandes cuestionamientos y quien lo intente puede provocar un suicidio político, como si quisiera “permanecer fuera del poder largo tiempo”. Y cita el caso de los laboristas británicos que pasaron 18 en la oposición dando vueltas a estas preguntas; y a los socialdemócratas alemanes, 16 años. Total para nada pues al final vinieron Blair y Schröder, poco representativos de las esencias socialistas.

            En vez de grandes revisiones teóricas, los socialistas deberían aplicarse a traducir en políticas concretas las líneas clásicas de la socialdemocracia  y que serían éstas: en primer lugar, las políticas de igualdad, banderín de enganche del socialismo. Debería preocupar que las desigualdades hayan aumentado en vez de disminuir en los últimos tiempos. Y aquí no hay excusas: se pueden hacer bien las cosas incluso en tiempos de crisis. En segundo lugar, cuidar las políticas de gasto, de distribución de la renta: hemos abdicado de la idea de tratar desigual a los desiguales. Con eslóganes tan discutibles como “bajar los impuestos es de izquierdas”, cargando la mano sobre impuestos indirectos que gravan más a los que menos tienen, nos hemos encaminado en un una dirección opuesta a la de la socialdemocracia. No podemos perder de vista que el ascensor social es la formación y educación. Finalmente, más democracia: aquí hemos ido descaradamente hacia atrás. Europa decide cada vez más, pero quien ahí decide podría tener una mayor legitimación democrática si fuera elegido directamente por los ciudadanos europeos. El golpe de mano que han dado Merkel y Sarzoky es buena prueba de este deficit democrático europeo.

            No parece exagerado decir que esta línea es la que parece querer seguir Alfredo Pérez Rubalcaba o el propio Tomás Gómez. 

            Hay otros analistas que sin estar en desacuerdo con este planteamiento, piensan, sin embargo, que las cosas son más complicadas. Ernst Stetter (Presidente de la Fundación de Estudios Progresistas de Europa)  y autor del artículo "Hacia una Europa socialdemócrata e inclusiva" (El País 12 de abril del 2012) denuncia la despolitización de la política, lo que nos ha llevado a buscar salvadores en los tecnócratas. Ahora son estos y los gestores empresariales los que se han apoderado del poder. Un brasileño, exministro con Lula y profesor, Terso Genro, autor del artículo "El futuro de la cuestión demócrata" (El País 13 de abril del 2012), señala algo importante: después de la II Guerra Mundial la socialdemocracia se avino a convivir con el capitalismo a condición de que éste aceptara que la democracia liberal tenía que coexistir con la exigencia de lucha contra las desigualdades sociales. Pero ahora la igualdad social está desapareciendo de la agenda de la democracia. Ahora sólo importa la libertad por eso se habla de “igualdad en la libertad”.  El alemán Sigmar Gabriel, Presidente del SPD, dice, en  "Refundar Europa desde la solidaridad" (El País, 17 de abril del 2012) algo que difícilmente diría un español, a saber, que  la Unión Europea nació en los campos de concentración. La UE no es un asunto de mercados sino de convivencia. Angela Merkel lo ha olvidado con el moto “democracias conforme a mercados” que se opone al que la socialdemocracia ha defendido y defiende: “mercados conforme a democracia”.

            Dos jóvenes investigadores británicos, O. Cramme y P. Diamond, autores de "Después de la Tercera Vía" (El País 9 de abril del 2012),  piensan que la socialdemocracia se ha contaminado de neoliberalismo, compartiendo de hecho la idea de que “no hay alternativa” (Fukuyama). Para ellos hay alternativa pero esta no consiste en repetir lo sabido porque ha cambiado el Estado (más complejo, Europa, globalización); la sociedad (emigración, interculturalidad); y el capitalismo (de la fábrica al escaparate: de la explotación al consumo).

            El último artículo, de momento, ha sido "La socialdemocracia en su laberinto" (El País 24 de abril del 2012) de J.M. Ridao, embistiendo contra los que se encelan en discutir sobre las esencias socialdemócratas porque el problema no es la socialdemocracia ni la democracia cristiana sino la desregulación de los mercados, presentada en la década de los ochenta y noventa como una exigencia inevitable de la globalización y de las nuevas tecnologías. Pero la globalización no era una realidad sino un programa que ha sido posible porque hemos desregulado el mercado. Y eso,  desactivar "la insensata utopía de los mercados desregulados", consentida por Blair y Schroeder pero imaginada por Reagan y Thatcher, y que es la gran amenaza para la democracia, es también la primera tarea de la política.

 

            2. Algunas reflexiones

Esto ¿qué quiere decir? Pues que “las preguntas teóricas y las dudas existenciales” tienen sentido y no las podemos espantar como si fueran molestos moscardones. Este tipo de preguntas deberían ser objeto de debate y de preocupación.

            Si el problema fuera tan sólo el de su (no) aplicación, las cosas serían más fáciles. Pero hay que preguntarse ¿por qué no se han aplicado? ¿Por qué no se han podido aplicar?. No creo que fuera un problema de no querer o de indolencia

            Con el propósito de animar ese debate, me permito las siguientes reflexiones.

 

            2.1.  Sobre la igualdad

Dice Bobbio, y recuerda Maravall, que la igualdad  es “el principio más distintivo y perdurable” de la socialdemocracia. De acuerdo, pero ¿cómo entenderla?

Algunos la reducen a “igualdad en la libertad”: todos igualmente libres; o igualdad de sexo…Está bien, pero la igualdad aparece políticamente en relación a la desigualdad social. En su origen remite a la relación entre pobres y ricos. No es lo mismo el pan que la libertad. Bloch: "el hambre es la primera lamparilla en la que hay que echar aceite"

No basta, sin embargo,  con decir que la igualdad es una respuesta a la desigualdad material y no a la falta de libertad. Una vez dicho esto, en efecto, ¿cómo entender la desigualdad: como un resultado de la suerte o como una injusticia?, ¿uno nace pobre o rico porque lo ha decidido la fortuna o porque es el resultado de una injusticia?

            No es lo mismo porque en el segundo caso, la igualdad es un deber de justicia, mientras que en el primer caso, las políticas de la igualdad son un asunto de estética: esta mal, está feo, hiere a nuestra sensibilidad que haya mendigos o pobres. En ese caso luchamos contra la pobreza porque los pobres hieren nuestra sensibilidad, no porque se lo debamos.

            El primer planteamiento es el típico liberal, mientras que el segundo es propio de una democracia socialista.

            El liberal da lo que le sobra; el socialista porque es de justicia, es suyo. A quien  piense que esto es un debate muy filosófico, debería recordar que el socialismo nació cuando una generación entendió que la miseria de los padres y abuelos eran una injusticia. Se había privado al pobre de lo que era suyo.

            Este es un debate enorme entre las teorías de la justicia. No hay rastro de él entre políticos socialistas españoles y aledaños ( la Fundación IDEAS incluida)

 

            2.2. Sobre el Estado de Bienestar.

 Lo están desmontando. Al neoliberalismo le resulta caro. Lo toleró mientras hubo peligro con el  comunismo, pero tras la caída del muro no hay razón para mantenerlo. Resulta lógico que quien más empeño puso en crearlo luche ahora por mantenerlo o incrementarlo, como en el caso de un estado de bienestar incipiente, que es el nuestro.

            Creo, en cualquier caso, que habría que reflexionar sobre un dato. Hemos desarrollado el estado de bienestar envuelto en una cultura consumista que ya es insostenible porque los recursos son limitados. Pienso en los techos que ese estado ha adquirido en los países nórdicos. Ahora bien, cuando la socialdemocracia piense en un estado de bienestar debe pensarlo teniendo en cuenta que debería ser universalizable. Y eso supone relacionarle con la limitación de recursos.

            Hay que replantearse el bienestar desde la conciencia de un cierto empobrecimiento. Recuperar una cierta "cultura pobre", de "sobriedad compartida". Se trata de poner unos límites por abajo que no se pueden traspasar porque eso sería condenar al ser humano a la inhumanidad; ni por arriba, que sería renunciar a la humanidad. Habría que revisar el prestigio del enriquecimiento por el enriquecimiento, como si el ser rico fuera la prueba del éxito y de la realización de la vida. Habría que discutir el prestigio de la riqueza porque hay una relación entre la riqueza de los ricos y la pobreza de los pobres.

            Hay que revisar el consumismo que había contaminado el socialismo. Recordemos a aquel Solchaga que proclamaba orgulloso: ¡hay que enriquecerse!. Pero una cosa es mejorar (superar una situación) otra cosa es enriquecerse (indefinidamente).

            Tras ese debate sobre los recursos limitados del planeta late el gran debate en torno al progreso,  mito de nuestro tiempo del que decimos que es salvífico, inagotable, imparable. Pues no, es limitado y además ambiguo: puede ser catastrófico o salvador (la energía nuclear puede curar el cáncer o matar indiscriminadamente). Una cosa es que el progreso sea un medio en aras de la humanización del hombre y otra que se la humanidad un medio para el progreso. Esto último lleva a la catástrofe.

            Debería dar que pensar que la gran Fundación del PSOE se llame "IDEAS para el progreso" y que tenga por objetivo "aportar nuevas ideas progresistas". Esa Fundación no nace muy al día. No parece  ser consciente de la doble cara del progreso.

 

            2.3. Sobre la política y  los políticos

            Rechazamos la tecnocracia porque socava la participación, pero ¿cómo tendría que ser el político socialista?. Dicho en pocas palabras: uno ve al dirigente político de los últimos tiempos como un profesional del poder  y alguien que quisiera vivir de la política. Y, también, alguien afectado por el mal de la efebolatría propiciada por el zapaterismo.

            Habría que hacer caso a Walter Benjamín que invita al socialista que quiera formarse que lo haga en la escuela del trapero. Puede sonar a provocación pero no lo es si tenemos en cuenta que trapero en alemán se dice Lumpen. Los viejos marxistas saben lo que significa el Proletariat y el Lumpen en esa cultura. Si el capitalismo del siglo XIX tenía por protagonista el Proletariat y a la fábrica, el del siglo XX es el Lumpen y el escaparate. Benjamín sitúa el capitalismo del siglo XX en el escaparate y no en la fábrica porque el problema no es la explotación sino el consumismo

            ¿Qué es lo que el político socialista puede aprender en la escuela del trapero?. Al menos estas tres lecciones. En primer lugar, ver a la sociedad desde su final: el trapero ve la vida de la sociedad como un proceso que acaba en el cubo de la basura. Tiene claro que en esta sociedad solo vale lo que es consumible, utilizable, digerible. De ahí quizá el prestigio de la gastronomía. Comparar a Ferrán Adriá con Picasso tiene miga. Eso sólo puede hacer una sociedad cuyo centro sean las tripas. Si sólo vale lo consumible, nada hay que merezca ser admirado o conservado. No interesa el valor sino el precio.La perspectiva del trapero enseña mucho sobre el conjunto de nuestra sociedad.

            La segunda lección se refiere a cómo se comporta ante situaciones conflictivas o catastróficas: se instala en el lugar de los hechos y toma nota de todos los detalles del desastre. A  la hora de la rebusca, le interesan todas las sobras, las cuenta, las separa, las valora, las organiza. Y si está en un lugar de desastre, se entera de cómo el desastre repercute en la vida de las personas. Se fija en la angustia que produce; en las enfermedades, hambrunas, sufrimientos y abandonos en que quedan sumidos los afectados por la catástrofe.

            El trapero hace lo contrario del político que ante los conflictos tiene prisa en irse del lugar, para reunirse con sus asesores y tratar la realidad conflictiva como un problema. No hay que tener prisa en problematizar la realidad conflictiva. Primero, hay que dejarse impregnar por ella. Los políticos y las grandes instituciones se tentarían la ropa antes de toma determinadas medidas.

            ¿La tercera lección? que no plantea grandes revoluciones sino reducir el sufrimiento.

            También hay que tener en cuenta que ha cambiado el tipo de militante por razones obvias: han cambiado los tiempos. No puede ser igual un militante socialista durante la dictadura que ahora en democracia. Pero deberíamos tener en cuenta y aprovechar un factor que se ha dado en el pasado y que no se repetirá (afortunadamente) pero del que se pueden aprender cosas. Quiero decir que en el franquismo la militancia era pura generosidad porque no había nada que repartir. Hoy sí que hay que repartir. El peligro es que desaparezca la generosidad. Ha desaparecido en buena medida.

            Los viejos que tuvieron que vivir aquella generosidad, podrían decir algo a los jóvenes. Es importante la relación intergeneracional, siempre y cuando los viejos no nos empeñemos en contar las batallitas y los jóvenes estén convencidos de que algo pueden aprender.

           

2.4. Sobre los valores socialistas

            Se oye  mucho eso de que "hay que volver a los valores socialistas", pero ¿cómo?, ¿qué significa eso? no basta escribirlos en un papel o resolución. Aristóteles decía dos cosas que vienen a cuento. Decía, en primer lugar,  que la virtud no se enseña en los libros sino que se aprende por ejemplos, de ahí la importancia de la relación intergeneracional. En segundo lugar, que la virtud de la justicia exige hombres justos. Plantea el tema de la virtud en los políticos.   

            En España hemos padecido en el pasado una saturación de moralina y nos la hemos acudido a lo bestia: desprestigiando valores como la virtud, la culpa, el perdón (por cierto, términos que los nazis ponían entre comillas diciendo entonces, como algunos socialistas ahora, que son asuntos de una moral, se entiende que periclitada, "judeocristiana")

            Por la ley del péndulo manda ahora el dicho liberal "vicios privados, virtudes públicas", es decir,  todo vale mientras no se descubra. Cuando lo descubrimos, como en el caso del Rey o el Ere o de la Gürtel, nos indignamos. Se echa de menos un poco de moral protestante que considera al trabajo bien hecho un valor moral.

            Nadie está obligado a estar en política pero el socialista que se meta en este fregado debería escuchar a  lo que dijo Largo Caballero al salir de un campo de concentración alemán: "el buen socialista observa, en todo momento, una conducta moral en su vida privada o pública en armonía con las ideas que profesa, y da prestigio a su persona y a su Partido". Y también esto otro: "El buen socialista no se envanece con los cargos que desempeña, por muy elevados que sean, ni menosprecia al compañero modesto; al contrario, lo aprecia y respeta". Ese talante no parece ir con el dirigente socialista actual que se mueve como un alto ejecutivo dosificando el trato con la base a lo justo, a la rentabilidad electoral, y comportándose como si procediera de la pata del caballo del Cid.

            2.5. El tema Europa

            Abundan en los artículos citados las críticas a la escasa legitimidad democrática de las instituciones europeas. La cosa es grave porque hemos perdido de vista que Europa nace con una intencionalidad política, aunque empiece siendo un mercado común del acero y del carbón (lo que se pretendía con ello era evitar que alguien tuviera el monopolio de esos materiales fundamentales para la guerra)

            Semprún dejó escrito en su  testamento político que Europa nace en los campos de concentración, tras las dos experiencias totalitarias: la comunista y la fascista. Europa nace gracias a la memoria de las víctimas. Precisamente por eso los fundadores de Europa emprenden el proyecto europeo movidos por un deber de justicia: Quieren construir un espacio político que no esté asentado sobre víctimas como había sido el caso de Europa hasta ese momento y durante milenios. No se puede seguir avanzando en la construcción de Europa sin esa memoria. Como algunos lúcidos alemanes dicen ahora, dirigiéndose a la Señora Merkel: más importante que la deuda económica de algunos países con Alemania es la deuda moral de los alemanes para con Europa...

            Los españoles ligamos la UE a los fondos Feder y a las becas Erasmus, pero no a la memoria. Sorprende esta inveterada amnesia española. Hemos llegado tarde a las víctimas de Eta  (el PSE está bastante solo) y a la memoria histórica (una ley fracasada): ¿cómo vamos a relacionar la construcción de Europa con la memoria de la guerra si nos hemos empeñados en negar todo vínculo de la democracia con la Segunda República?. Este desinterés por la memoria es un síntoma del débil pulso moral del PSM: Madrid ha sufrido con el terrorismo de todo tipo y esto no parece que vaya con el PSM.

            Como asociamos Europa a ayudas económicas, nos desinteresamos de Europa cuando vienen mal dadas.

           

2.6.  El tema interno

            Oí decir a Felipe González que había que dedicar a los problemas internos de los socialistas un cuarto de hora y punto. Se entiende lo que quiere decir pero quizá haya que dedicarle algunos minutos más porque se impone una revisión profunda del PSOE.

            Deberíamos reflexionar sobre estos puntos: en primer lugar, nuestros líderes no representan a la masa social que les vota (de ahí su mala reputación). ¿Cuántos dirigentes socialistas aportan de sí mismo algo más que lo que llevan consigo las siglas p-s-o-e?. Poquitos. Tenemos un problema de calidad de los dirigentes.

            En segundo lugar, nuestra organización no atrae a lo mejor de la sociedad. Tenemos un problema con la estructura (las agrupaciones). La toma de decisiones no permite elegir a los mejores. La conformación del poder en el PSOE garantiza que, salvo excepciones, medre la mediocridad. Muchos no han demostrado nada salvo ser hábiles en el control de una agrupación o haber sido cooptados porque sí. Alfonso Guerra decía que antes de ser dirigente habría que haber cotizado un par de años a la seguridad social; ahora habría que añadir algo más: haber demostrado alguna capacidad de liderazgo al margen de saber controlar una agrupación.

            El Comité Regional no puede llevar a cabo la tarea que le incumbe. Parece diseñado para que no haya debate.

            Por eso pienso no sólo que hay que hay que dedicarle mucho más que un cuarto de hora, sino que deberíamos empezar ya a preparar el próximo congreso ya para buscar soluciones.

            Pido disculpas si mi franqueza ha podido molestar a alguien o  me he excedido en mis juicios, pero para eso está el debate que vamos a tener. Muchas gracias.

 

PD. Hubo efectivamente un gran debate en la sobremesa. Se preguntó por las razones de la desafección de los españoles respecto a Europa, por lo que se pueda hacer para reformar al Partido Socialista, por la manipulación del miedo, por las razones del prestigio de la riqueza, por el lugar de la educación, por cómo repensar el estado de bienestar si en España es tan insuficiente, por la profesionalización de los políticos socialistas...Y también hubo una pregunta de María José sobre cómo entender la limitación de recursos que no supe responder y que ahora quiero aclarar. La pregunta argumentaba que la ciencia dispone de conocimientos suficientes para multiplicar los recursos alimentarios de suerte que se pudiera acabar con el hambre en el mundo; o de conocimientos para encontrar energías alternativas con las que mantener el ritmo del progreso. Yo respondí diciendo que los científicos estaban más y más convencidos de que los recursos planetarios son fatalmente limitados. Debería haber dicho que son los filósofos, y no todos, los que así piensan. Pero que tiene razón la pregunta en el sentido de que la ciencia moderna dispone de conocimientos como para mirar el futuro con optimismo. Otra cosa es que a los poderes económicos les interese aplicar esos conocimientos y promocionar así energías alternativas más barata y, para ellos, menos rentables. En este caso habría que hablar, en lugar de limitación de recursos, del interés de los poderosos en administrar la escasez.