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Escrito por Maximino Cortezón   
Sábado, 27 de Septiembre de 2014 16:20

Confianza

Maximino Cortezón

 

20 septiembre 2014 (Publicado en Diario Progresista)

 

 

El sociólogo alemán Niklas Luhmann, en uno de los pocos ensayos dedicados al estudio de la confianza, considera que ésta representa un hecho fundamental en la vida social. Hasta tal punto, que una completa ausencia de confianza nos impediría levantarnos por la mañana para realizar las actividades cotidianas. 

 Esto es así, porque en la confianza se basan una gran mayoría de nuestras acciones y elecciones diarias. Vamos a trabajar a una cierta hora confiados en que el transporte público circulará con regularidad; confiamos en que los medicamentos prescritos por el médico aliviarán y curarán nuestros males; confiamos en que a final de mes nos pagarán nuestro salario para hacer frente a nuestros gastos. En fin, la lista de acciones que realizamos basadas en la confianza de que en el futuro se mantendrán las condiciones del presente sería interminable. Y es que, continúa afirmando Luhmann, la confianza amplía nuestras posibilidades de acción en el presente, incluso las orienta hacia el futuro, haciendo de la incertidumbre relativa del mismo algo confiable. Gracias a la confianza que depositamos en el presente, que se funda en el pasado, apostamos por nuestro futuro. En palabras de Luhmann, mostrar confianza es anticipar el futuro. O lo que es lo mismo, estar confiado es comportarse como si el futuro fuera cierto.

Mas, este optimismo hacia el futuro que genera la confianza de que será una simple prolongación del presente y de las condiciones que determinan nuestras acciones, se ha visto arrumbado con el surgimiento de la crisis económica, social política, y hasta de valores, que nos ha venido encima, por lo que la desconfianza ha ocupado el lugar de la confianza.

Si acotamos el problema de la confianza en relación con la política, encontramos unos resultados reveladores en la sexta edición de la Encuesta Social Europea efectuada a 29 países, y que en España se realizó entre enero y mayo de 2013*. De todas las instituciones por las que se preguntó a los encuestados la peor parada, en lo concerniente a la confianza que en ella depositaban, fue la institución política, que resultó ser la más baja de los últimos diez años lo que situaba a España en los últimos lugares de los países europeos.

Ahora bien, en las conclusiones se constata una paradójica y peculiar circunstancia del electorado español ya que, por un lado, por primera vez, su interés por la política ha aumentado, pero, por otro, ese interés no se canaliza a través de los partidos políticos tradicionales sino de movimientos sociales. 

Las razones del distanciamiento del electorado de los principales partidos tradicionales son que sus alternativas no se distinguen suficientemente y que el gobierno toma medidas que aumentan la brecha social y la exclusión de los más desfavorecidos.

Sin entrar a enumerar todas las razones por las que un gran número de ciudadanos y ciudadanas han perdido la confianza en los partidos políticos, pues son sobradamente conocidas, podemos decir de manera general que la confianza política se pierde cuando una institución actúa de forma contraria a lo que ha prometido o cuando algunos de sus miembros responden a intereses particulares, cuando dice defender intereses generales.

En suma, la confianza política que es imprescindible para el buen funcionamiento de los partidos e instituciones es difícil de ganar, fácil de perder y casi imposible de recuperar. Por esto, puede resultar insuficiente realizar propuestas para solucionar los problemas que requieren una más urgente solución, pues la pérdida de confianza hace que se desconfíe de que en un futuro se vayan a cumplir.

Decía el genial literato inglés del siglo XVIII, Samuel Johnson, que nuestro ánimo se inclina a confiar en aquellos a quienes no conocemos por esta razón: porque todavía no nos han traicionado. Por este motivo, la confianza que los votante depositaron en Podemos el 25M, difícilmente la van a retirar por mucho que aquellos que sí la han perdido acusen a miembros destacados de esta organización de bolivarianos, populistas, neocomunistas o cualquier otro epíteto de semejante especie. Mejor harían éstos últimos que se preguntasen que es lo que tienen que hacer, si todavía es posible, para recuperar la confianza perdida, teniendo en cuanta que las fórmulas políticas que en otra época les permitieron ganarse la confianza y remontar la situación hoy parecen estar superadas.


*Encuesta realizada por la Universitat Pompeu Fabra –UPF- en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas –CIS- y el Ministerio de Economía y Competitividad