Errores historicos PDF  | Imprimir |
Artículos y documentos de interés
Escrito por Laureano Gómez   
Martes, 25 de Noviembre de 2014 00:00

No hay mayor incompetencia que la mediocridad en las tareas de gobierno. La falta de visión de nuestros gobernantes ante el futuro próximo y más aún ante el futuro lejano, para lo que se requiere de una lucidez fuera de lo común muy alejada de la que alumbran las mentes opacas de la mayoría de nuestros dirigentes, trae consecuencias que transcienden el presente para recalar en la historia.

Esta aseveración viene a propósito de lo que acontece en Cataluña. Asombra contemplar la incompetencia del gobierno ante la fractura que puede producirse en el Estado Español con los deseos de independencia declarados por el gobierno de la Generalitat y de gran parte del pueblo catalán.

Nunca fui partidario de que todas las Comunidades Autonómicas hubieran de alcanzar, como si de una competición se tratare, los mismos niveles de competencia con independencia de su tamaño territorial o poblacional y de su herencia histórica. Tampoco fui partidario de que se transfirieran las competencias en materias educativas y sanitarias porque podrían dar origen a desigualdades en derechos básicos y fundamentales de las personas, ni del incremento del gasto publico que iba a suponer la duplicidad de funciones en los entornos autonómicos y estatales, sin que ello signifique estar a favor de una ineficiente centralización administrativa. Quizás debamos admitir que la constitución de 1978 fue la necesaria en aquel momento y que no fue posible otra configuración del Estado que la que ha concluyo en 17 comunidades autonómicas, algunas de ellas uniprovinciales, mas Ceuta y Melilla, pero ello no justifica las decisiones tomadas con posterioridad en los diferentes estatutos de autonomía. Por otra parte no creo en los nacionalismos por pura coherencia con mi ideología socialista, sin embargo no por ello puedo ignorar la existencia de estos movimientos a pesar de los tiempos que corren, más propicios para la unión de los pueblos que para la división. 

Dicho lo anterior, entiendo que con la llegada de la democracia hemos heredado en España dos conflictos de índole nacionalista, aunque con connotaciones diferentes  (Cataluña y País Vasco), que no hemos sido capaces de resolver sino más bien al contrario de agravar. La derecha española nunca quiso reconocer tal realidad y la izquierda, llevada por el impulso autonómico no supo canalizar el problema a un entorno propicio. Las actuaciones de unos y otros, nacionalistas y españolistas enfrentados y un partido socialista catalán dividido y escorado hacia posiciones nacionalistas, en contradicción con su propia trayectoria y con su ideología, no han hecho sino desembocar en la situación actual.

Durante los primeros gobiernos de la democracia española fue posible una convivencia llevadera gracias a la moderación y a la inteligencia de los gobernantes de turno, salvo algunas desviaciones como la planteada por el lehendakari Ibarretxe en el País Vasco; pero la moderación se trunca cuando el tripartito catalán liderado por el socialista Pascual Maragall (Pacto del Tinell: diciembre de 2003) plantea la elaboración de un nuevo Estatuto de Autonomía y la posterior decisión personal del presidente del gobierno Rodríguez Zapatero de abrir el melón estatutario para todas las CCAA. A partir de ahí los errores se suceden, aceptación de lo que se acuerde en Cataluña por parte del gobierno de Zapatero, posterior recurso de inconstitucional del Estatuto ya aprobado ante al alto tribunal por parte del Partido Popular y la resolución contraria del Tribunal Constitucional al preámbulo y a ciertos artículos del Estatuto.

Demasiados errores. ¿Qué necesidad había de reformar los Estatutos de Autonomía? ¿Sentían los andaluces, los castellanos-leoneses, los aragoneses e incluso los catalanes la necesidad de ahondar en sus estatutos anteriores y demandaban por ello la redacción de un nuevo estatuto? En el referéndum para la reforma del Estatuto de Andalucía (año 2007) se produjo una abstención del 63,72% y en el de Cataluña (año 2007) del 50,58%. No son resultados que puedan considerarse fruto de las demandas del pueblo ante la necesidad de un cambio en sus niveles competenciales; las preocupaciones de los ciudadanos están en otro ámbito y de ello deberían ser conscientes los gobernantes.

Tras las decisiones equivocadas por parte de unos y de otros se crea el caldo de cultivo propicio para el agravio, para la ofensa al pueblo catalán y con ello para avivar el ansia independentista, no arraigada en la población pero que utilizada de manera interesada y eficiente suma voluntades para su causa.

La llegada del Partido Popular al gobierno a finales de 2011 y la falta de visión del presidente Rajoy, conservador, inmovilista e incapaz de afrontar problemas de envergadura, no hace sino complicar las cosas y adelantar aquella ruptura de España que él mismo preveía con la aprobación del Estatuto catalán, razón por la que cometió el error de presentar el recurso ante el Constitucional.

¿Qué alternativa queda ahora? Cualquier cosa es posible.