Comportamiento del electorado ante la corrupción PDF  | Imprimir |
Ponencias y resúmenes
Escrito por Administrator   
Domingo, 05 de Junio de 2016 12:55

El Partido Popular gano las elecciones del 20D/2015 con un 28,72% de los votos.

En aquel momento se habían destapado múltiples casos de corrupción en el Partido Popular que afectaban a cargos del máximo nivel, principalmente en las comunidades autónomas en donde su implantación era mayor (Valencia, Madrid y Baleares) (Gurtel en su vertiente valenciana y madrileña, Noos, Púnica, Palma Arenas, Andrax, tarjetas Black y Rato, y muchísimos más que afectan a diputaciones provinciales y ayuntamientos, la mayoría relacionados con corrupción urbanística. Pero también habían salido a la luz la financiación irregular del Partido a nivel nacional con los papeles de Barcenas).

Durante los últimos meses han aparecido nuevos imputados del PP en casos ya abiertos o en otros nuevos, y los papeles de Panamá en donde vuelven a aparecer cargos del PP.

Y a pocos días de la repetición de las elecciones el PP se perfila, de nuevo, como el ganador de las mismas, e incluso por encima de los resultados del 20D. Si la tendencia se volviera a cumplir el PP volvería a ganar.

¿Por qué el PP sigue teniendo el apoyo mayoritario de los españoles cuando hay presencia de cuatro partidos de implantación estatal y con amplia representación parlamentaria? No es baladí que el suelo del PP no baje del 25% y cuando lo hace lo sea de manera puntual y temporal.

Hay infinidad de estudios que intentan analizar el comportamiento de los electores ante los casos de corrupción, y todos coinciden en que la corrupción no es un elemento determinante en la orientación del voto, o lo es parcialmente, y esto lo es con carácter universal, tanto en EEUU, como en Latinoamérica, en Japón o en Europa.

Quisiera recordar un libro escrito por George Lakoff (2004) “No pienses en un elefante” (comportamiento electoral de los americanos en base a unos marcos conceptuales adquiridos a través de la educación y de las vivencias familiares y los entornos relacionales).

Entre algunas de las resoluciones de los diferentes estudios están las siguientes:

Un proverbio latinoamericano dice: roba pero hace. Esta frase apunta que, mientras los políticos acusados de corrupción han conseguido réditos económicos para sus conciudadanos, la gente ha preferido mirar hacia otro lado. Es decir, ante una situación de crecimiento económico se obvia la corrupción. Efecto Gil (gilísmo). O Valencia, ciudad de las Artes y la Ciencia y el circuito de Formula I. O los tranvías, aeropuertos, espacios tecnológicos, etc sin estudios de viabilidad, etc.

En uno de sus trabajos, el politólogo valenciano Jordi Muñoz añade otras explicaciones al poco coste electoral de la corrupción. Apunta al votante miope que usa gafas partidistas y reacciona de modo distinto en función de si la corrupción afecta a «los suyos» o «a los otros». Así, permanece impasible frente a las acusaciones a los políticos que son de su agrado. En un ensayo más reciente de Muñoz y el profesor de la Universidad de Gotemburgo Peter Esaiasson, los dos académicos concluyen que los votantes españoles prefieren un candidato corrupto pero competente en su labor que uno limpio pero ineficiente a la hora de gestionar. Parece que esto lo sabe el PP que no deja de acusar a los demás de ineficientes, de que son poco serios, que la política no es para novatos, que es algo muy serio y no se puede dejar en manos de gente irresponsable; o que la mala gestión del PSOE es la responsable de la crisis económica actual.

El papel de los medios de corrupción.

Para que un acto de corrupción se convierta en un escándalo político, es necesario que éste se difunda ampliamente a través de los medios de comunicación.

En ocasiones actúan por intereses partidistas. Con frecuencia, tras la noticia de un escándalo se recurre a otro de otro partido, aunque sea de menor envergadura para extender la idea del todo son iguales.

En última instancia, es el editor de un periódico quien decide si publica o no un escándalo, qué importancia le da, qué tono usa y el nivel de drama que asociará a los hechos, si saca conclusiones a partir de ellos, si niega las acusaciones realizadas por otros medios o si cuestiona la credibilidad de aquellos que lo han sacado a la luz pública.

Habría que añadir las tertulias, en las que algún vocero del partido corrupto intenta extender la corrupción al resto de partido. Por aquello de que pensar que todos los políticos son corruptos en mayor o menor grado significa aceptar la corrupción como un mal menor e inevitable

Peters y Welch (1980) analizaron las elecciones a la Cámara de Representantes en los años setenta (1968-1978) y hallaron que entre los representantes que disputaron la elección general pese a haber sido protagonistas de algún escándalo, el 75 por 100 consiguió su reelección. Encontraron que un escándalo le costaba a un candidato republicano una media de 6,2 puntos del total del voto, mientras que la pérdida media para un demócrata era de 11,4 puntos porcentuales. Repitieron el análisis para la siguiente década y sus resultados fueron bastante similares.

Muchos estudios convienen que a la hora de votar a un candidato se valora (además de otros factores) la honestidad y la competencia. Unos electores valoran más un parámetro que otro en función de  variables personales como:

            - conocimientos políticos y educación

- grado de percepción de la corrupción y victimización

- ingresos y economía (posición social)

- edad

- genero

- otras variables: ideología/territorialidad (urbano/rural)

Algunos de estos estudios determinan que:

- Mayor formación política => mayor peso de la honestidad sobre la competencia

- Menor formación político => mayor peso de la competencia sobre la honestidad

- Mayor nivel de ingresos => mayor peso de la competencia sobre la honestidad

- Mujeres  => mayor peso de la honestidad sobre la competencia

- Jóvenes  => mayor peso de la competencia sobre la honestidad

Los ciudadanos victimas de la corrupción prefieren políticos honradez aunque menos competentes.

Influencia de la corrupción en el electorado:

En primer lugar, con las propias características del escándalo: el tipo y gravedad del escándalo; la identidad del agente afectado y la de los denunciantes; la cobertura que los medios dediquen a este asunto.

En segundo lugar, otro conjunto de factores tiene que ver con el contexto en el que aparece el escándalo: la situación económica o las tensiones entre las elites políticas.

Por último, el tercer conjunto de factores condicionantes tiene que ver con las actitudes previas de los votantes. Estos reaccionarán de forma diversa ante el escándalo en función de cuáles sean sus principios morales, pero también en función de sus identidades partidistas, las políticas que prefieran, su grado de satisfacción o insatisfacción ante la perspectiva de una derrota electoral del agente cuestionado, o su evaluación de la situación política o económica.

Por último: Autoubicación ideológica del electorado español .