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Artículos y documentos de interés
Escrito por Maximino Cortezon   
Lunes, 24 de Octubre de 2016 13:59

En 1784 Kant escribió un breve artículo publicado por el periódico alemán Berlinische Monatschrift  con el título ¿Qué es la ilustración?, y que con el paso del tiempo se ha convertido en el testimonio más característico del espíritu de la Ilustración. Las primeras líneas, no por mil veces repetidas pierden su fuerza,  siguen emocionándonos por su imperecedera vigencia: <<La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otros. ¡Sapere aude! Ten valor de servirte de tu propia razón: he aquí el lema de la ilustración>>.[1]

Si aplicásemos estas palabras al devenir político desde el momento en el que fueron escritas hasta los acontecimientos políticos más recientes, no tendríamos más remedio, y muy a nuestro pesar, que concluir que las organizaciones políticas, sin excepción, han sido en la práctica y siguen siendo preilustradas, dado el papel pasivo y tutelado que han otorgado y otorgan a ciudadanos y ciudadanas en las decisiones y elecciones que dichas organizaciones promueven.

La causa de la falta de decisión para valerse por sí mismos de hombres y mujeres en los casos que veremos no ha sido, como afirmaba Kant, por la falta de valor o de decisión de ambos, sino por la falta de confianza por parte de quienes tenían y tienen que poner los medios organizativos para que unos y otras pudieran o puedan servirse de su propia razón.

Un primer caso que a modo de ejemplo sirve para fundamentar nuestro argumento tiene que ver con uno de los fundadores y principal ideólogo de la socialdemocracia clásica alemana: Eduard Bernstein  (1850-1932). De formación marxista es considerado uno de los primeros revisionistas de la teoría de Marx y defensor de la vía parlamentaria para defender y realizar los objetivos políticos socialdemócratas y por lo tanto enemigo de la vía revolucionaria para luchar por objetivos políticos socialistas. Bernstein, al contario de Kant, creía que el proletariado no tenía la madurez política suficiente  ni estaba preparado para decidir por sí mismo lo que políticamente más le convenía. Las masas proletarias eran <<en gran medida “un animal de rebaño” irracional. Dado que la inmensa mayoría de los trabajadores vivía <<en condiciones de hacinamiento, con un ingreso insuficiente y mal educada, estaba lejos de poder ejercer el poder. >>[2]

Igualmente, en el caso de la ideología comunista en la versión marxista leninista, los trabajadores necesitaban de los líderes del partido que constituían la vanguardia del proletariado, para llevar a cabo su lucha política por su liberación y emancipación de su opresor social, cultural y económico. En esta clase de partido las decisiones políticas las tomaba la llamada vanguardia que eran sus dirigentes y las bases las ejecutaban. Tanto los partidos socialdemócratas y comunistas son, y en gran medida continúan siendo,  organizaciones políticas jerárquicas y verticales.

Así pues, en poco más de cien años aquellas organizaciones políticas que más tenían que haber hecho por aplicar y desarrollar las ideas ilustradas, no obstante seguían estando más cerca del despotismo ilustrado  que de la ilustración.

En la actualidad podríamos pensar que ambos testimonios pertenecen a un remoto pasado, pero que en el comienzo del siglo XXI con ciudadanas y ciudadanos  preparados para tomar decisiones racionales, dado que  la mayoría poseen suficiente formación académica e información adecuada, por fin el ideal kantiano de la ilustración se ha realizado ampliamente.

Mas, no parece que esta sea la idea que muchos de los políticos y la mayoría de las organizaciones en las que desempeñan sus actividades tengan de sus afiliados, militantes, simpatizantes e incluso de sus votantes.

Por otro lado, no creo que nadie discuta que el fenómeno social y político más relevante de los acontecidos en España en los últimos años del nuevo siglo y el que mejor representa el espíritu ilustrado ha sido el 15 M, expresado en su eslogan principal de “no nos representan”.

Por medio de este grito los manifestantes expresaban su disconformidad con unos políticos y una política que reiteradamente incumplía el contrato social que les unía con ellos a lo largo de una legislatura: el programa electoral. El hecho que de manera cínica se asumiera por parte de algunos políticos que los programas electorales se hacían para no cumplirlos era algo que provocaba la indignación y el clamor de todos los que entonces se manifestaron, e incluso de una mayoría silenciosa que veía esa manifestación con buenos ojos.

Lo que implícitamente exigían los indignados a los políticos era un mayor protagonismo  político de la ciudadanía en las decisiones políticas importantes, como era entonces la reforma exprés del artículo 135 de la constitución  y el cumplimiento de sus compromisos electorales.

Pues bien, los últimos acontecimientos políticos ocurridos en el seno del PSOE ponen de manifiesto que aquellos que no han respetado la decisión de la mayoría de sus militantes, haciendo posible la dimisión del Secretario General, se han situado, igualmente, en una situación preilustrada y contraria a ese espíritu ilustrado que demandaba Kant en su manifiesto.

Manifestaciones públicas de miembros importantes del PSOE como que el partido no se puede “podemizar” o de que consultar a las bases toda clase de decisiones transcendentes que el partido tome es “populismo”, son una prueba inequívoca de que representan mejor el ideario del despotismo ilustrado, de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, que el del espíritu de la ilustración.

Igualmente resulta contrario a este espíritu ilustrado que se rechace la consulta a la militancia de una decisión tomada por el Comité Federal, como es la abstención en la sesión de investidura al candidato del PP, por mucha legalidad estatuaria que la avale, cuando la misma resulta manifiestamente contraria a lo pactado con los votantes y los militantes del partido en el contrato social establecido en el programa electoral de las últimas elecciones.  Dado que era imposible consultar a los votantes sólo una votación de los militantes a favor de la abstención hubiera otorgado el máximo de legitimidad a la misma.

En suma, no es aceptable, ni va con el espíritu ilustrado del tiempo que nos toca vivir, que partidos como el PSOE justifiquen políticamente que una minoría decida por todos argumentando que se hace por el bien de España, por el interés general o por el bien del partido. Hoy resulta totalmente inexcusable que en cuestiones que incumplen los programas y las líneas políticas del partido las decidan unos pocos sustituyendo y suplantando la voluntad de sus militantes.



[1] Kant, I., Filosofía de la Historia, ¿Qué es la Ilustración?, F.C.E., 1979, 1ª Reimpresión, 1975, p. 25

[2] Ideas aparecidas en un artículo del historiador Marc Mulholland aparecido en el diario digital Público titulado “Cuando Bernstein asaltó la ortodoxia marxista”