Crisis financiera y Estado del Bienestar PDF  | Imprimir |
Ponencias y resúmenes
Escrito por Fernández Marugán   
Viernes, 17 de Octubre de 2008 16:53


Titulo: Crisis fianciera y Estado del Bienestar

Fecha: 17 Octubre de 2008

Autor: Francisco Fernandez Marugan


1. Los hechos.

Hay que dar por conocido muchos hechos donde quiera que hayan sucedido.

Todo comenzó en los EEUU hace 14 meses en un segmento del mercado financiero. Aunque pudiera parecer que estaba localizado en él, no ha sido así, ya que pronto se conoció que afectaban a otras muchas actividades que en él se desarrollaban.

Había un sistema paralelo que no se conocía o que no quiso conocerse desde el que se cometieron múltiples excesos.

Ante los problemas que surgieron se fue viendo que la respuesta a las medidas que la Reserva Federal y el Tesoro venían adoptando no eran eficaces porque no eran capaces de normalizar la situación.

En los USA –mes a mes-  la situación se fue agravando.

o Bearn: J.P. Morgan. Con fuertes ayudas públicas.

o Freddie Mae y Fannie Mac son nacionalizadas. Lo mismo ocurre a la aseguradora AIG.

o Lehman quebró porque no se dieron ayudas públicas. 

Durante estos meses se han ido empleando una serie de instrumentos de política económica:

o Los tipos de interés se reducen y no poco.

o Las inyecciones financieras se producen con abundancia, permitiendo que una parte destacada de los activos envenenados se utilicen como garantía (colateral) de las operaciones de préstamo de la FED.


Siempre que se avanzaba en la utilización de estos instrumentos se pensaba que se lograría la estabilización financiera.

o Bearns, se dijo que era un antes y un después.

o Algo parecido se pensó cuando la nacionalización de las grandes hipotecarias.

La verdad fue casi siempre bien distinta no se conseguía cambiar el signo de la situación. En el caso del Bear Stearn, la confianza duró ocho semanas y en el caso de las grandes hipotecarias tan solo lo hicieron en 4 semanas.

El juego que empleaban en los EEUU las autoridades monetarias y las del Tesoro era discriminatorio. Ninguna institución era tratada igual que la anterior ya que se tomaban en cuenta sus propias peculiaridades.

Actuando así, se pensaba que en cada caso lo que se hacía era establecer una serie de diques que impidieran cualquier modalidad de desbordamiento.

En cualquier caso, se seguían las lecciones aprendidas de la Gran Depresión del 29. Debería existir abundancia de dinero para que no se produjera una contracción del crédito en el sistema crediticio.

No sólo existía esa referencia, ya que otras que se utilizaron parecían fruto de la prudencia.

Debería evitarse la caída de las grandes instituciones porque un colapso en alguna de ellas era difícilmente manejable.

Desde el primer momento:

o El interbancario se bloqueó, ya que las entidades no se fiaban unas de otras.

Este bloqueo ha sido persistente ya que ha llegado al extremo de que en las últimas semanas prácticamente ha dejado de funcionar. Se ha estado al borde del colapso.

o Los bancos centrales trataron de evitar esta situación con fuertes, frecuentes y coordinadas inyecciones, que tan solo proporcionaron un alivio temporal.

Se inyecta dinero, pero eso no significa que los bancos lo prestaran, todo se atesoraba, por si llegado el momento de tener que utilizarlo y en el intercambio no te lo presta nadie por estar cerrado.

o El montante de pérdidas ocasionado por las subprime y luego por el conjunto de artefactos financieros producto de las titulaciones o de los derivados, nunca pudo determinarse con exactitud.

Resultaba difícil determinar qué, cuándo, quién y cómo se debía dinero.

o Aflorar las pérdidas dentro del sistema bancario no resultaba sencillo ya que una parte significativa de ellas se habían producido fuera de los canales bancarios tradicionales. En zonas con poca regulación y en algunos casos, de nula regulación.

Una de las decisiones más destacadas fue el dejar quebrar a Lehman, ya que con ella se adoptaba una posición firme en relación al riesgo moral.

Recibieron una lección quienes habían venido tomando decisiones arriesgadas, porque creían que en último extremo, las autoridades temerosas de ver caer las instituciones financieras, terminarían protegiéndolas, recibían una lección.

Ahora bien, aunque todavía resulta pronto para evaluar lo hecho, lo cierto y verdad es, que esa quiebra resultó ser tan fuerte que se tambalearon los cimientos del sistema. Por eso, puede decirse que ha sido una decisión muy discutible.

La confianza que produjo esta medida duró un día.

Hubo riesgo sistemático, el edificio se alteró… y lo que antes habían sido actuaciones individuales y selectiva pasaron a ser una operación global. El diagnóstico era terrible, el enfermo tenía septicemia… septicemia hospitalaria.

El Plan Paulson, pareció que sería la solución y no lo fue.  Dotaba a la Secretaria de Estado de un poder sin precedentes, era empleándolo para trasladar toda las pérdidas al contribuyente; haciendo que el Estado se quedara con todos los activos malos y que después y los vendiera lo mejor que se pudiera. Las pérdidas estaban aseguradas y serían monumentales.

Son este conjunto de fallos los que justificaron el que lo cambiaran con tanta intensidad.

Las aves de rapiña aparecen tras la quiebra de múltiples entidades financieras, las rapaces se lanzaron sobre el Estado de derecho. Las críticas fueron abundantísimas ya que daba un giro espectacular: el Estado renunciaba a regular para pasar a ser un depredador.

Los efectos del terremoto se extendieron a Europa: UK; Alemania, Bélgica, Holanda, Francia, Austria, Dinamarca e Islandia se han visto conmocionadas.

El tsunami era tan poderoso, que hubo que ampliar las barreras utilizadas hasta extremos no contemplados. Se plantearon nuevos objetivos:

o Garantizar con carácter general los depósitos.

o Meter capital en los bancos quebrados.

o Inyectar dinero para que el numerario se lleve por delante la suciedad, para desatascar el sistema financiero si estaba atorado. En definitiva, lograr restaurar la fluidez dentro del mismo.

Debemos quedarnos con una idea, esta vez si que hubo un antes y después de la quiebra de Lehman. Su quiebra fue de tal magnitud empeoró la situación. Hizo que hubiera la necesidad de adoptar un movimiento rápido, veloz y generalizado. La crisis que ella produjo y puso de relieve que:

o Los bancos que tenían poco capital y muchas pérdidas por lo que empezaron a reducir su actividad.

o Procedieron a vender sus activos. Y claro está, estos sufrieron puesto que les ocurrió lo que sucede cuando se amplia la oferta: cae el precio de los activos. El precio de las cosas que se quieren vender termina siendo más reducido.

o Se desencadena un círculo vicioso, que conduce a vender para reducir las deudas. Aumenta el desapalancamiento. 

o Se produce una espiral descendente de pánico en la que las instituciones financieras ansiosas de liquidez  se deshacen de activos debilitándose a sí mismas y a otras instituciones. Reducen su capacidad para conceder créditos a la vez que minan el valor de las cosas que quieren vender.

o Alguna referencia he hecho al primitivo Plan Paulson, sólo insistiré en él para decir que una de las críticas formuladas era que debería haber propuesto era una inyección directa de capital en las empresas financieras para que teniendo capital, pudieran frenar esa espiral descendente.

o En la Gran Bretaña se ha anunciado un plan que ha sido muy alabado por que está destinado a proporcionar capital nuevo. Había que afrontar el problema de la falta de capital financiero haciendo que el Estado proporcione a las instituciones financieras más capital a cambio de una parte de su propiedad.

o Se pueden hacer muchas preguntas, una de ellas se le ha hecho Krugman ¿Cómo es posible que una crisis que empezó siendo una burbuja de adosados en Florida o en Arizona haya terminado causando una catástrofe financiera en Islandia?

Las cosas han ido aun más lejos, se ha producido una especie de nacionalización parcial temporal de la que más adelante hablaremos.


2. ¿Cómo valoramos políticamente esta situación?

Creo que las crisis como las epidemias seleccionan a los pacientes, los más vulnerables son los primeros afectados, luego a medida que se van propagando llegan a los demás.

Ahora bien, esta crisis está siendo rápida y caótica.

Desde una perspectiva ideológica tiene una cierta singularidad ya que supone el derrumbe de la fe ciega en el mercado.

Si la caída de la URSS supuso el fin de una concepción dogmática de la política, esta crisis puede que suponga que el triunfalismo financiero del mercado, que se ha vivido en Occidente, haya llegado a su fin. Digo puedo, no digo otra cosa.

Este eclecticismo del que hago pública manifestación lo apoyó en mi convicción de que no estamos ante el fin del capitalismo. 

A pesar del estrépito que estamos viviendo, el capitalismo no se va a acabar.

En el mejor de los casos lo que estamos viviendo es la muerte de un tipo de capitalismo, el que ha existido  -y se ha propalado-  en los EEUU en los últimos 20/25 años.

El que representa el capitalismo financiero sin apenas regulación.

Ese tipo de capitalismo si ha fracasado, generando un impacto considerable en todas las partes del mundo.

La intensidad de ese experimento, tóxico le llaman habitualmente, será mayor en aquellas economías donde el proceso de desregulación haya sido mayor y menor en aquellas otras naciones en las que el sistema financiero haya estado más regulado y más supervisado.

En Inglaterra, donde las práctica de la Cily se han asemejado bastante a las de Wall Street, la velocidad del ajuste no está pudiendo ser gradual.

Aceptando mi relativismo, diré que estamos en medio de dos periodos.

De un lado está el viejo orden de la economía reaganiana, en el que el mercado no podía equivocarse nunca, porque se autorregulaba y que por ello el Gobierno no podía estar en lo cierto, por lo que se le debía privar de todo tipo de instrumentos (los impuestos sobre todo)

Lo hemos oído hasta la saciedad.

De otro lado, debería aparecer un nuevo orden donde Wall Street pierde importancia y Main Streeet la gana. Parece que en esto son muchos los que coinciden aunque hoy en día, se sabe poco sobre que reformas hay que introducir y que alcance tendrán.

Decir esto no es decir mucho. Mientras cambian las cosas, estamos utilizando lo que hay, sin que todavía se hayan visto reglas nuevas.

Cuando se hacen estas apelaciones lo que se está haciendo es aparcar el protagonismo del mercado para enfatizar el que le corresponde al Estado.

El discurso es bueno, aunque no tiene en sí mismo una gran novedad.

El Estado ha sido y es la esperanza de los desheredados. Desde la socialdemocracia, bien que lo sabemos.

Hoy el Estado se ha convertido en la esperanza última de esos que están desesperados en el parquet.

Los desheredados de ayer y de hoy, y los desesperados de hoy no son la misma gente.

Hoy se oyen las voces de gente que piden la intervención. Esos grupos nunca la habían pedido. Beck lo dijo hace meses.

La intervención la piden los jefes de los bancos y altos directivos de la economía mundial, no la piden los dirigentes sociales y sindicales.

Por eso el ruido es muy general y algo confuso. Hay mucha gente llamando a la puerta del Estado, al que se le pide que:

Garantice los depósitos en los bancos.

Inyecte liquidez en el sistema financiero para que llegue el numerario a las empresas y a las familias.

Rescate a los bancos quebrados, rellenando el agujero de sus pérdidas.

Atienda a aquellos ciudadanos que de la noche a la mañana han sido despedidos de sus trabajos.

Auxilie a cuantos están atrapados en el túnel del euribor.

Algunas de estas peticiones cuando se las escucha a los neoliberales te dejan un resabio amargo (Beck) por que se ve como repentinamente esa gente se ha convertido en defensores de la fe en el Estado.

Son los mismos que dicen que hay que cambiar las leyes para que bajen los impuestos… sin querer ver que los impuestos en las recesiones bajan, sin necesidad de tocar las leyes.

O los que llevan tiempo diciendo que lo que hay que hacer es dejar el dinero es en el bolsillo de los particulares.

O que la prosperidad consiste en no tener que pagar impuestos.

Si las cosas se hacen así, debería decirnos como podrán articularse una parte importante de las demandas que ahora se reclamen.

3. ¿Qué vendrá a continuación? ¿Vendrá un ciclo de políticas diferentes?

Para responder hemos de recordar que los ciclos de intervención y los ciclos de desregulación siempre han estado impulsados por las crisis.

Un ciclo de intervención muy importante y poderoso, con gran influencia, estuvo desencadenado por la Gran Depresión y por la 2ª Guerra Mundial.

Dos protagonistas del mismo fueron Frainklin, D. Roosevelt y Keynes.

Su influencia se extendió desde los años 30 a los años 70 del siglo XX.

La intervención tenía una finalidad: regular y manejar la economía para mantener el pleno empleo.

El siguiente ciclo, fue conservador, no intervencionista. Políticamente podemos identificarlo con Reagan y con Ms. Thatcher. El economista que estaba detrás de ellos era Milton Friedman. La defensa de estas posiciones corrió a cargo del Partido Republicano que como es sabido iniciaba un giro hacia la extrema derecha.

Su propósito era acabar con la herencia de Roosevelt y con sus políticas sociales.

El argumento de la revolución conservadora, era que la búsqueda del pleno empleo ocasionaba inflación, por lo que había que actuar para combatirla.

Para conseguir sus objetivos emplearon primero la estrategia de “bajar los impuestos a los más acomodados, luego subir el déficit, después aumentar los gastos de seguridad y defensa… ¿Cómo arreglarlo? Bajando las pensiones, esquilmando el Walfare” (Estefanía)

Debían suprimirse las interferencias de los gobiernos. Había que dejar que la economía se cuidara de sí mismo ya que ella sola se llegaría al equilibrio.

Toda una interpretación de la vida, de la sociedad y de la política: vivíamos una nueva era.

Innovación financiera fue uno de los estandartes que se desplegaron. Hoy vemos ese enfoque ha fracasado.

El que esto sea así, no significa que haya que dejar de prestar atención a quienes la defienden. Insisten en sus planteamientos ante la durísima crisis bancaria de los EEUU, ya que su ideología, pasa por que “se hundan los negocios comunes y que el Estado naufrague en el empeño de sacarlos a flote” (Juliá)

Por tanto, esas dos grandes conmociones políticas (la respuesta del bienestar y la revolución, conservadora son las que han originado otras tantas orientaciones políticas y económicas.

Desde esas premisas hagamos un planteamiento un poco materialista de que ha venido sucediendo:

El mundo ha vivido un periodo largísimo de expansión del crédito, que ha permitido a algunos ganar dinero a espuertas.

Ese dinero se situaba en la mayoría de las ocasiones al margen del control de la autoridad monetaria y del fisco.

El destino del dinero ha sido la compra de activos, que como el dinero era abundante, eran vendidos a precios altos.

Las cosas se vendían a precios inflados.

Muchas de las personas que compraban esos bienes se endeudaban por mucho tiempo y lo hacían al límite de sus posibilidades.

Los bancos han hecho lo mismo.

Aparece aquí un fenómeno paradójico, las entidades financieras que se han constituido con poco capital han querido ser propietarios de muchos activos.

Lehman tenía activos 30 veces superiores a su capital. Los había comprado con deuda.

IAG tenía activos 60 veces superiores a su capital. Los había comprado con deuda.

Qué sorpresa, han tenido que suceder estas tormentas para que nos enteremos que el capitalismo no tiene capital. Por eso, hay que recapitalizarlo. 

El no tener capital es peligroso porque cualquier error de cálculo cuesta muy caro.

Las instituciones que han quebrado eran como una pirámide pero al revés. Eran pirámides invertidas.

Cuando se les exigió que cumplieran determinados compromisos, primero tambalearon y luego se vinieron abajo.

Ese es el momento en el que los Gobiernos se ven obligados a intervenir, para refinanciar el sistema bancario, revivir el mercado hipotecario y para impedir el colapso económico.

Podrían sacarse algunas lecciones y quedarán algunas ideas:

Hemos vivido un periodo de inflación de activos financiados con apalancamiento, es decir con deuda.

Esos periodos tienen una obligación: la deuda hay que pagarla.

En ellos se produce, además, un límite muy peligroso que se produce cuando cae el valor de los activos caen por debajo de la deuda hipotecaria.

En ese sentido el capital y la liquidez tienen mucha importancia. En el mundo de los negocios pueden cometerse el error de no dársela, aunque resulte fundamental y escaso capital.

En el mundo de las personas es mucho más grave, porque son muchas las que  tienen y poca liquidez.

Por eso lo del Socialismo, siempre ha sido igual, aunque cambien las circunstancias siempre hay que luchar por las mismas cosas y por la misma gente.

Los hechos han planteado de nuevo la cuestión de la recuperación del papel de lo público y a la reivindicación del papel del Estado. ¿Cuánto tiempo se quedará en esas nuevas actividades donde ha penetrado? Esta pregunta no se desvincula de otra sobre la que hemos ido revoloteando ¿Las economías de mercado son estables o necesitan ser estabilizadas mediante actuaciones políticas?